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«TODA LA BELLEZA DE LA HIJA DEL REY ESTÁ EN EL INTERIOR» (Sl 44,14 Vg): FUNDAMENTOS DE LA TEOLOGÍA DEL CORAZÓN DE MARÍA EN LA OBRA DEL P. JOAQUÍN MARÍA ALONSO, C. M. F.

 

Publicado en Ephemerides Mariologicae 62 (2012). Agradezco al director, amigo P. Pablo Largo, C. M. F., su indeclinable disposición a servir; con ella, su permiso para publicar aquí este ensayo.

 

“Ponme cual sello sobre tu corazón […]. Porque es fuerte el amor como la muerte, implacable como el seol la pasión […]. Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo”

(Cant 8,6-7).

 

Amablemente invitados a dar noticia sucinta de nuestra reciente obra[1] sobre el Corazón de María en la teología del P. Joaquín María Alonso, C.M.F., hemos de puntualizar de entrada que nuestra investigación se ha ocupado mucho menos de levantar acta, sin más, de lo que Alonso ha dicho sobre el tema que de buscar, bajo la guía segura del claretiano, las respuestas a las cuestiones de fondo que a nosotros nos acuciaban sobre el Corazón de María. Pero, naturalmente, para ello nos ha hecho falta ahondar muy intensamente en las elaboraciones de Alonso; y hemos ido en derechura a buscar lo más profundo de su reflexión, que ha dado, efectivamente, respuesta cumplida a las preguntas nuestras.

Es la del P. Alonso una figura deplorablemente caída en el olvido[2]. Nace en 1913 y muere en 1981, y es bienquerido por quienes conocen la presente revista, como que fue cofundador (1951) y director (1968-1977) de ella; formó parte de la comunidad en que siempre se ha ubicado su sede (1957-1960, 1968[?]-1980); impulsó y dirigió en esta comunidad de Buen Suceso el mayor proyecto editorial que ha existido jamás sobre el Inmaculado Corazón: la colección Cor Mariae, de la que se publicaron, al parecer, veinticuatro volúmenes; proyectó en ella el Centro Mariano “Cor Mariae Centrum” (instituto de mariología, convivencias marianas, Ephemerides Mariologicae, boletín mariano, librería mariana internacional, biblioteca mariana), que no fue posible llevar a término y quedó en lo ya existente: esta benemérita revista y su biblioteca fabulosa. Otras iniciativas cordimarianas de Alonso son: la Sociedad Teológica de los Sagrados Corazones (1958); y, sobre todo, una ingente labor de estudio y divulgación de los acontecimientos de Fátima, Pontevedra y Tuy: debería poder mencionarse sobre todo su Historia crítica de Fátima, que hubiese constado probablemente de otros veinticuatro volúmenes en dos series tituladas Fatimae monumenta historica Estudios críticos, pero la obra sigue hoy dolorosamente inédita[3], por lo que Alonso llama vaga y, sin duda, respetuosamente, “ciertos patrioterismos miopes”[4]; y pueden mencionarse como realizaciones efectivas la difusión del conocimiento de los mensajes de Pontevedra y Tuy y la vicepresidencia (desde 1973 hasta su dimisión en 1980) del Ejército Azul de Nuestra Señora de Fátima (hoy Apostolado Mundial de Fátima).

El Corazón de María, ¿hoy?

 

Uno de los problemas heredados en relación con las devociones a los Sagrados Corazones de Jesús y María, estrechamente ligado con el pésimo gusto de tantas representaciones artísticas, es el de considerar, en el fondo, tales devociones como una suerte de idolatría carnal. Aquí entra ya de lleno el problema del objeto de estas devociones, e importa mucho precisarlo con cuidado, porque, bien al contrario de lo que tantos parecen sentir, estos cultos son formas eminentes de adorar al Padre “en espíritu y en verdad” (Jn 4,23).

Dejemos esto, de momento, solamente anunciado, pero, si la devoción al Inmaculado Corazón de María nos induce a ese culto “en espíritu y en verdad”, el tema parece no ya importante, sino verdaderamente central. Lo primero que se impone es situar a plena luz la especificidad y la legitimidad de nuestra devoción. La devoción al Corazón de María es válida porque aporta algo, o, a nuestro entender, mucho. No da lo mismo hablar de María que hablar del Corazón de María; y eso que dice la segunda expresión y no dice la primera es algo que realmente nos interesa.

Y tanto nos interesa, que la devoción cordimariana, lejos de ser una devoción más para registrarla, quizá, en alguna lista, es –si Joaquín María Alonso tiene razón, y a nosotros nos parece que la tiene- la perfección a la que tienden, cada una por su camino, todas las demás devociones y espiritualidades marianas; es la vocación ínsita por naturaleza en toda devoción mariana que quiera ser auténtica. No se impone a ninguna, sino que las vivifica todas. No hay competencia: la devoción al Corazón de María informa, interioriza y purifica las restantes devociones marianas; no compite con ellas: las potencia. La devoción al Corazón de María es el corazón de las devociones a María.

A algunos, no hay duda, les cuesta percibir la actualidad del tema; pero la aceptarán si aceptan como actuales el amor –ya que también en el Corazón de María “hemos conocido el amor” (1 Jn 3,16)-, la Encarnación –ya que, como hemos de ver, el portento no comenzó en el vientre de María, sino en el Corazón de María-, la Redención –ya que sobre la escena desoladora y gloriosa del Calvario resuenan, como un eco arcano, las palabras de Simeón: “Una espada atravesará tu alma” (Lc 2,35)- y la misma Sagrada Escritura de donde se parte (cfr., en especial, Lc 2,19.35.51).

Por lo demás, nos permitimos expresar nuestra opinión de que el Corazón de María está llamado a ser la bandera del movimiento mariano que despliega hoy su prometedora potencia sobre la Iglesia toda. E incluso creemos que esto mismo está dicho en Fátima de uno u otro modo.

¿Qué debemos entender por Corazón de María?

Tratemos de cumplir con lo anunciado. Busquemos la especificidad y, con ella, la legitimidad de nuestra devoción. Veamos si es posible trasladar el culto al Corazón de María[5] de la región de una vitanda idolatría carnal a las alturas de la adoración al Padre “en espíritu y en verdad” (Jn 4,23). Sepamos qué es y qué no es el Corazón de María[6]. Sin resolver la cuestión –y la cuestión no es fácil, aunque pueda parecerlo-, no podemos hablar de especificidad ni de legitimidad de la devoción al Corazón de María, ni situarla en el mapa de la espiritualidad mariana –ese lugar de preeminencia que Alonso le asigna-, ni entender sus prácticas y su espíritu.

Creemos que está justificado sacar, de la lectura reflexiva de las obras de Alonso, las siguientes conclusiones[7]:

1. Alonso sitúa en su exacto punto el problema del corazón físico (carnal) de María, que deja de ser el objeto mismo de la devoción y, por ello, deja de constituirse en una suerte de pantalla u objeto interpuesto que más dificulta que propicia el acceso a María. Alonso reivindica lo más genuino de su condición simbólica, entendiéndolo sólo como un “elemento material de ascensión”[8] a lo simbolizado, y de resultas soluciona, por la vía del equilibrio más razonable, la doble, opuesta y peligrosa vía anteriormente tomada por unos y por otros tratadistas de la devoción[9]. Y eso supone tanto como recuperar en el plano teórico la misma posibilidad de la devoción, y se ha logrado apartándose del planteamiento -que era general- de ver un objeto material venerado (el corazón de carne) y un objeto formal o razón para venerarlo (el amor simbolizado); para Alonso, existen solamente un objeto único, que es la vida íntima y amorosa de María que fluye en actos, una razón formal (no objeto formal) para venerarlo, que es la persona misma de María elevada por la gracia[10], y el corazón como mero vehículo de simbolismo. No habiendo dos objetos, la devoción ha recuperado su unidad, que se encontraba secularmente amenazada.

2. El Corazón de María, y el objeto de nuestra devoción, es sobre todo el amor de María, pero visto como origen, raíz y forma de su persona[11], lo cual permite entender también como objeto, en sucesivos términos, la afectividad, la vida intelectiva en cuanto impregnada de amor, la interioridad formalizada por el amor, por último la persona en cuanto principio de actos de amor. No es, pues, un órgano, sino un principio; no una cosa, sino una formalidad o modo de considerar. Es la persona de María en cuanto principio de actos de amor, el amor en cuanto configura la persona de María. Y todo ello, visto desde un punto de vista sobrenatural, resulta ser la misma santidad y la misma gracia de María, ya que en ella no existe diferencia entre el amor natural y el amor sobrenatural que en definitiva constituye la santidad.

3. Esta generosa y abierta concepción que Joaquín María Alonso tiene del objeto de la devoción lo deja en la amplitud que estaba necesitándose para dar cabida a todas las interpretaciones y a todas las manifestaciones de devoción y espiritualidad, comenzando por las ya históricamente acontecidas. De ese modo, no sólo el Corazón de María puede ser forma de la teología y la espiritualidad marianas e informar, interiorizar y purificar ésta, sino que esa concepción abierta puede estar presente en cualquier otra concepción, incluyéndola virtualmente. Hacía falta una presentación anchurosa del objeto de la devoción que pudiese dar juego para muchas posibilidades legítimas. Hay, no obstante, una excepción: la concepción que materializa el objeto y, además de crear otros graves problemas, clausura así la posibilidad de que el Corazón de María ejerza su aludida formalidad en los distintos ámbitos de manifestación de ésta: no es posible seguir admitiendo que el objeto de la devoción es la víscera cardíaca de María, por mucho simbolismo que le imbuyamos.

4. El amor simbolizado es tanto el amor a Dios como el amor a los hombres.

5. En la locución Corazón de María, Corazón es un substantivo común, pero usado como propio. El Corazón de María no es un corazón (entiéndase un órgano), sino lo que nosotros hacemos con ese corazón puesto en función religiosa. Desde ese punto de vista, el Corazón de María no es un corazón, sino una devoción y una espiritualidad.

Lugar del Corazón de María en la mariología

El Corazón de María es para Alonso un principio[12] y un método para la mariología que faculta para ver todo en María a la luz de su interioridad, amor, gracia y santidad; si es origen, raíz y forma de la persona de María, también lo es de la teología mariana.

La maternidad divina para él es gracia y la gracia de la Virgen es el Corazón de María, y tanto si Alonso tiene razón en alguna personalísima lectura[13] como si no la tiene, él y la tradición han sabido decirnos, leyendo la Escritura, nada menos que el Amor de Dios ha entrado en la tierra y en la historia por el Corazón de María. Ése es el lugar. Entonces empezó todo.

Siendo, además, central la gracia en la mariología de Alonso, describe una gracia maternal en cuya virtud toda la maternidad de María –tanto la divina como la espiritual- confluye en la gracia y, por lo tanto, en el Corazón de María.

Alonso ha referido del modo más congruente al Corazón de María las relaciones de la Virgen con la Santísima Trinidad, y ha hecho del Corazón el quasi centrum vitae trinitariae, “como el centro de la vida trinitaria”.

Ha destacado la naturaleza sacramental del Corazón de María al considerarlo como un signo que, a través de las realidades anatómicas, con las cuales tiene que ver la virginidad de María, remite a la virginidad espiritual y ontológica constituida por la santidad y por la maternidad de la santa madre de Dios.

También la Inmaculada Concepción es presentada por Alonso a la luz del Corazón de María, primero porque éste mismo aparece como un amor, una santidad y una armonía presentes en María desde el primer momento, y segundo, porque la Inmaculada Concepción es, para nuestro teólogo, más un dato positivo que uno negativo, y su contenido –la llena de gracia- es lo mismo que aquella gracia maternal que él identifica con el Corazón.

Como quiera que la asociación de María a la Redención está constituida para Alonso por su maternidad divino-espiritual y su expansión en todas las consecuencias que ésta conlleva hasta la Cruz y, más allá, hasta la mediación actual de intercesión y dispensación, si la maternidad divina y la espiritual son, ambas, maternidades según el Corazón, Alonso tiene razón en concluir: “La Virgen es Corredentora por su Corazón amoroso y compasivo”[14].

Y, en efecto, por el Corazón de María hemos sido hechos hijos suyos y de Dios tanto como por su Corazón es ella madre de Cristo; ya que las dos dependen de una aceptación –el fiat- que de forma consciente era aceptación de la maternidad espiritual juntamente con la divina, y que sin duda brota del Corazón; por otra parte –y esto ya es opinión personal nuestra-, la maternidad espiritual no deja de estar incluida en el fin de la Encarnación si se acepta que nuestra filiación mariana, al fin y a la postre, constituye un fragmento, o un aspecto, o un destello de la filiación divina.

La conexión intimísima de ambas maternidades de María es también un dato para la Iglesia que, de acuerdo con las teorizaciones del P. Alonso, queda igualmente residenciado en el Corazón de María. Más allá de esto, él presenta con claridad ese Corazón como Corazón de la Iglesia, pero lo hace en contadas ocasiones y en términos reconducibles al lugar del Corazón en la mediación mariana.

Al cabo, Alonso, al ver en el Corazón de María el principio de la persona de María, ha visto también en él un método para la mariología, y así lo ha teorizado, y así lo ha corroborado, como se acaba de compendiar, con mano maestra, dándonos en el Corazón la cifra de María y de toda la mariología y elaborando una mariología interior que contempla -y bien luminosa y bien fecundamente- a la Virgen a la luz de su amor, de su interioridad y de su santidad.

Y, si eso es verdad, entonces quedan suficientemente probados la relevancia y el peso específico del Corazón de María en un dominio estrictamente teológico. Y, en consecuencia, la espiritualidad cordimariana queda perfectamente fundamentada y legitimada.

Últimas conclusiones

 

¿Qué resulta, al fin del viaje, de todo esto?

Creemos que se puede llegar a decir todo lo siguiente:

1. Nos parece que lo más relevante de la teología cordimariana de Joaquín María Alonso lo constituye su concepción del objeto de la devoción. Se aprecia, en efecto, la fundamental congruencia que existe entre el pensamiento mariano sistemático de Alonso –que nosotros hemos examinado someramente- y su concepción de partida sobre el contenido de la expresión Corazón de María –que igualmente hemos tratado de delimitar-. Si el Corazón es –como hemos visto- la fuente y el principio de la persona de María y de cuanto la define, entonces ese principio se constituye, con todo derecho, en principio y método para la teología mariana, aunque Alonso haya rehuido llamarlo principio fundamental de la mariología. A la centralidad del Corazón en la persona de María, le corresponde, en desarrollo inobjetable, un puesto igualmente central en la ciencia mariana.

2. Alonso, que ha demostrado más que suficientemente la virtualidad del Corazón de María de vertebrar toda una síntesis mariológica, ha puesto con ello de relieve la relevancia y el peso específico que posee ese Corazón en ese ámbito, el dogmático, que ha de ser necesariamente el fundamento si se desea una auténtica devoción cordimariana.

3. La concepción alonsiana del objeto de la devoción hace de él un foco que arroja una potente luz. Al ver en el Corazón de María el amor en cuanto principio de la interioridad y en cuanto formalidad personal, Alonso, como hemos podido ver, lo pone en condiciones de informar toda la persona de la madre de Dios; de informar toda la mariología; y de informar toda forma de espiritualidad mariana; y si bien, en cuanto a la espiritualidad, nos hemos quedado en el umbral, nuestro propósito justamente era el de profundizar en sus fundamentos.

“Toda la belleza de la hija del rey está en el interior” (Sl 44,14, Vulgata). En la concepción de Alonso, todas las excelencias de María pueden ser enfocadas como partes potenciales –es expresión que él emplea[15]– de su amor y por lo tanto de su Corazón, y, de forma proporcional, todas las demás devociones marianas vienen a ser partes potenciales de esta devoción.

4. En nuestro sentir, Joaquín María Alonso ha salvado, en el plano teórico, la devoción al Corazón de María. Una pieza maestra de este rescate es la síntesis verificada entre la tendencia fisicista y la espiritualizante en el entendimiento del objeto, que permite, a su vez, la descrita unificación en el interior de ese mismo objeto. Si el objeto no se concibe de forma sólidamente unitaria, es toda la devoción la que pierde la unidad. Si el Corazón de María no es algo circunscrito y específico, la devoción al Corazón de María no se contradistingue de la devoción general a María, y por lo mismo no le aporta nada y carece de pertinencia. Y si el Corazón no es algo más que un órgano material, se constituye en un objeto interpuesto que nada facilita la devoción mariana, y por otro lado la cordimariana pasa a ser una más entre las devociones marianas, una parcela material de la devoción a María, y no aquella devoción que, justamente por la índole de su objeto, se encuentra en condiciones de informar, interiorizar purificar las demás, y de ser, en suma, el desarrollo al que todas las devociones marianas tienden de forma natural. Porque el amor, la interioridad, la gracia, la santidad de María, son veneradas en cualquier manifestación de piedad mariana que quiera ser auténtica; mientras que nadie podrá decir lo mismo de la víscera cardíaca.

5. Quod non est unum non intellectum. El temperamento poderosamente sintético del P. Alonso ha sabido captar a maravilla cuanto de unidad personal y de principio de unificación hay en el Corazón de María.

No hemos de reiterar en qué alto grado la mariología de nuestro autor encuentra un fuerte nexo de unidad en la gracia de la Virgen, ni hemos de evidenciar de nuevo que esa gracia resulta equiparada con el Corazón de la Señora.

Por lo demás, el Corazón de María es descrito también como interioridad y amor sin contradicción ni dicotomía, porque el amor se entiende como el amor diffusivum sui que constituye un principio que unifica la interioridad. Y ese amor resulta ser entonces el principio –a un mismo tiempo psicológico y metafísico- que vertebra la persona y que incluye todo lo restante. Todo en María queda reconducido al amor, y lo demás son partes potenciales de ese amor, “que es el vínculo de la perfección” (Col 3,14).

El Corazón de María puede informar todas las devociones marianas, puede interiorizarlas y puede purificarlas en el mismo grado en que se presenta como una instancia capaz de conferir unidad a la mariología. Y ello depende de una sola y evidente razón, que es su radical identificación con la unidad personal de María.

6. La devoción al Corazón de María es una devoción difícil. Ello explica muchas oposiciones. Las aparentemente injustificadas pretensiones de prevalencia, con fundamento incluso en manifestaciones carismáticas, encuentran a menudo reticencias que provienen de entenderla como una devoción entre otras; y ello es fruto de un entendimiento cosístico de su objeto. Pero en la medida en que, lejos de entenderlo como el corazón muscular, se ve en él -como Joaquín María Alonso con todas las armas defiende- un Corazón que es formalidad y que es amor como principio y fuente, el Corazón de María deja de ser una parte de María para ser –sencillamente- toda María, aunque vista –eso sí- bajo aquella formalidad que contradistingue, con especificidad propia y por tanto con legitimidad y sentido, la devoción al Corazón de María de la devoción general a la Santísima Virgen. El Corazón de María es “ver a María a través de su amor”[16].

De la cuestión del objeto dependen, por consiguiente, de forma clara la especificidad, la legitimidad y la mayor perfección interna de la devoción al Corazón de María. Y, tal como Alonso resuelve aquella cuestión, éstas quedan segurísimamente fundadas.

7. La devoción al Corazón de María, rectamente entendido su objeto, resulta ser una coherente defensa, exaltación y celebración de la primacía de la gracia sobre la naturaleza en María, de lo espiritual sobre lo corporal, de lo perdurable sobre lo efímero, en el mismo orden de ideas en el que San Pablo exalta la “circuncisión del corazón” sobre la de la carne (cfr. Rom 2,28-29), y en el que el propio Jesús tiene en más alta estima la santidad que la maternidad de su madre (cfr. Mt 12,46-50; Mc 3,31-35; Lc 8,19-21; Lc 11,27-28, con los correspondientes comentarios patrísticos). Residenciar todo en un núcleo espiritual –y la historia de la piedad ha querido cifrar ese núcleo en el Corazón, como una opción entre otras en principio posibles- es tanto como extraer la quintaesencia de todos y cada uno de los aspectos de la persona, de las cualidades y de los episodios vitales de la Virgen María. El Corazón de María es, pues, la quintaesencia o la condensación de lo mariano. La veneración del Corazón de María es la veneración por excelencia “en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) de la persona de nuestra madre. La devoción al Corazón de María es la devoción a María vista en su Corazón. Incluso, por eso mismo, la devoción al Corazón de María es el corazón de la devoción a María, y el corazón de las devociones marianas.

8. La actitud espiritual propia de esta devoción es una experiencia inmediata y genuinamente humana, puesto que arranca de la percepción del amor de la madre y del modo más natural entrega la correspondencia con el amor propio; y ello, no por una exigencia de justicia que se nos impusiese desde fuera, sino del modo más natural que es propio de los hijos. “Nuestro corazón se ha abierto de par en par […]. Abríos también vosotros” (2 Cor 6,11-13). Si en el Corazón de María “hemos conocido el amor” (1 Jn 3,16), entonces también a él  lo “amamos, porque él nos amó primero” (1 Jn 4,19).  Se trata de devolver amor por amor, y en ello están implicados los resortes más cardinales de nuestra psicología. Se trata, pues, de una devoción absolutamente connatural con lo más básico de nuestra personalidad. La devoción al Corazón de María es llevar a María en el corazón.

9. El colocar en el centro el amor de la madre espiritual de los hombres es lo que confiere a esta devoción su enorme capacidad de convocatoria. “Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo” (Ct 8,7). El reclamo poderoso de esta devoción es la ternura maternal. Es en calidad de Corazón de la madre nuestra como el Corazón de María tiene mayores cosas que decirnos. Y es la percepción del amor y de la santidad de María, que en su Corazón tenemos, lo que hace de la espiritualidad cordimariana la vocación hacia la que toda otra devoción y espiritualidad mariana está internamente llamada a crecer.

Las manifestaciones carismáticas, y señaladamente Fátima, Pontevedra y Tuy, han querido colocar en el centro el Corazón de María. Nos ocurre luego que ahondamos un poco en la teología de ese bendito Corazón, y nos encontramos con la perla preciosa del Evangelio. Nos ocurre comprobar que el Corazón de María es lo central de María; nos ocurre descubrir que lo central de María es el amor originante; nos ocurre contemplar que la devoción al Corazón de María “llama a su centro”[17] las verdades mariológicas y las devociones marianas.

Seamos, quienes lo somos, entusiastas seguidores de Fátima; pero no nos es lícito quedarnos con Fátima como con una especie de sedimento inmóvil. María no nos habría convocado a la devoción cordimariana si no existiese para ella un fundamento teológico que podemos calificar de abismalmente bello, de prometedoramente poderoso, de entusiasmantemente fecundo. La fidelidad a Fátima nos exige, no sólo quedarnos con el qué de los acontecimientos, sino también ahondar (con ese amor que necesita entender[18]) en su por qué.

Bibliografía de Joaquín María Alonso sobre el Corazón de María 

(Conscientemente incluimos algunos títulos sobre el Corazón de Jesús)

 1943. Oportunidad, alcance y obligaciones de la consagración de la Archidiócesis de Sevilla al Inmaculado Corazón de María, en VV. AA., Crónica Oficial de la VI Asamblea Mariana Diocesana dedicada al Ido. Corazón de María, Sevilla 1943, pp. 92-106

1943. [Véase (1956) Sobre una teología del Corazón de María, en realidad de este año.]

1952. Relationes Immaculati Cordis B. M. Virginis ad Personas Ss.mae Trinitatis, en Academia Mariana Internationalis, Alma Socia Christi (Acta Congressus Mariologici-Mariani Romae Anno Sancto MCML celebrati), vol. VI, fasc. II

1956. Carne y espíritu en el culto al Sdo. Corazón de Jesús, “La Ilustración del Clero” 49 (1956) 360-371, 405-414

1956. Sobre una teología del Corazón de María, “Ad Maiora” 9 (1956) 15-49 (es conferencia en Balmesiana, ¿Barcelona?, de 1943, inéd. hasta este momento: así informa en (1958) Los criterios de valoración…, 83, n.)

1957. El Corazón de la Inmaculada, “Verdad y Vida” 15 (1957) 325-355

1958. El Corazón de María en S. Juan Eudes: I, Historia y doctrinaII, Espiritualidad e influencias, COCULSA (Cor Mariae,1 y 2), Madrid 1958, 278 (I) + 327 (II) pp.

1958. Los criterios de valoración histórica en la historia de la devoción al Corazón de Jesús, en Sociedad Teológica de los Sagrados Corazones, La encíclica “Haurietis aquas”. Comentarios teológicos, COCULSA, Madrid 1958, pp. 55-111

1958. S. Juan Eudes, El Corazón admirable de la Madre de Dios-I, introd., trad. y notas de Joaquín María Alonso, COCULSA (Cor Mariae,3), Madrid 1958, 294 pp. (Puede encontrarse, asimismo, en la internet: “www.liberius.net” y “ar.geocities.com”: referencias de fecha 29-VIII-2009.) 

1959. (En colaboración con José María Canal) La Archicofradía de Nuestra Señora de las Victorias. Historia crítica y contenido doctrinal, COCULSA (Cor Mariae,16), Madrid 1959. 392 pp. (En relación con esta obra, debe notarse que los autores no indican ningún reparto de atribución, y por lo tanto debe entenderse que, en el presente estudio, todo lo que en ella se dice puede ser atribuido a Alonso sin escrúpulo.)

1959. S. Juan Eudes, El Corazón admirable de la Madre de Dios-II, III, IV, trad. y notas de Joaquín María Alonso, COCULSA (Cor Mariae, 4, 5 y 6), Madrid 1959, 283 (II),  274 (III) y 339 (IV) pp. (Puede encontrarse en la internet según se indica en Alonso (1958), ref. al vol. I.)

1959. Virgo Corde. Exégesis contra Teología, “EphMar” 9 (1959) 175-228

1960. La Consagración al Corazón de María, acto perfectísimo de la virtud de la religión. Una síntesis teológica, introd. a José María Canal, La Consagración a la Virgen y a su Corazón, 2 vols., COCULSA (Cor Mariae, 17 y 18), Madrid 1960, vol. I, pp. 5-116. (Se publicó también de modo exento: La Consagración..., COCULSA, Madrid 1960, 116 pp.; Una síntesis teológica. La Consagración al Corazón de María, acto perfecto de la virtud de la religión, COCULSA, Madrid 1960, 50 pp.)

1963.  F. Leite, Jacinta del Corazón de María, “Florecilla de Fátima”, trad. del port. de Joaquín María Alonso, COCULSA (col. Cor Mariae,21) 1963, 284 pp.

1967. La espada de Simeón (Lc 2,35a) en la exégesis de los Padres, en Maria in Sacra Scriptura. Acta Congressus Mariologici-Mariani in Republica Dominicana anno 1965 celebrati, Romae 1967, vol. IV, pp. 183-285

1972. Fatima et le coeur Immaculé de Marie. Un Seminaire International à Fátima, “EphMar” 22 (1972) 421-442

1972-1973. El Corazón Inmaculado de María, alma del mensaje de Fátima, “EphMar” 22 (1972) 240-303; 23 (1973) 19-75

1973. Las palabras de la Virgen, en Venancio, J. P., Un corazón para todos (El Inmaculado Corazón de María en las apariciones de Fátima), Sol de Fátima, Madrid 1973

1973. Fatima et le Coeur Immaculé de Marie (Histoire et sens des révélations), en VV. AA., Marie sous le symbole du Cœur (Contributions de six experts à la connaisance de Fatima), Téqui, Paris 1973, 25-66

1974. Memorias de Lucía, la vidente de Fátima, trad., introd. y notas de Joaquín María Alonso, Madrid 1974, 174 pp.

1974. El mensaje de Fátima en Pontevedra, Casa Corazón Inmaculado, Pontevedra 1974. 48 pp. (Hay traducción portuguesa, inglesa, francesa y alemana.)

1976. Fátima. Historia y mensaje. Una primera lectura, Centro Mariano “Cor Mariae Centrum”, Madrid 1976. 94 pp.

1976. A mensagem de Fátima e os Cinco Primeiros Sábados. No Cinquentenario das Apariçôes de Pontevedra, Edic. Santuario, Fátima 1976, 54 pp.

1976. Fátima, España, Rusia, Madrid 1976, 140 pp.

1976. La verdad sobre el secreto de Fátima, Madrid 1976, 120 pp. (recensión: A. Rivera, “EphMar” 26 (1976) 474)

1976. Memórias da Irmâ Lúcia. Compilaçâo do P. Luis Kondor. Introduçao e notas do P. J. M. Alonso, Postulaçâo, Fátima 1976, 182 pp. (Ed. esp.: 1978. Trad. también al francés, italiano, alemán, holandés, polaco, húngaro.)

1977. El Corazón de María en la teología de la reparación, “EphMar” 27 (1977) 305-356

1977. La gran promesa del Corazón de María en Pontevedra, Centro Mariano “Cor Mariae Centrum”, Madrid 31977. 79 pp. [Es ed. corregida y aumentada de El mensaje de Fátima en Pontevedra.] 

1978. Autenticidad de los hechos de Pontevedra, “EphMar” 28 (1978) 393-397 

1978. El mensaje de Fátima en Tuy. Mensaje escatológico, Madrid 1978 

1979. Theologie des Fatimaereignisses, Fátima 1979, 89 pp. 

1979. Fátima ante la esfinge (El mensaje escatológico de Tuy), Sol de Fátima, Madrid 1979. 152 pp.

1980. Dos grandes promesas; Paray-le-Monial y Pontevedra, en Vekemans, Roger (ed.), Cor Christi (Historia-teología-espiritualidad y pastoral), Instituto Internacional del Corazón de Jesús (Delegación Latinoamericana), Bogotá 1980, 625-657

1980. Fátima, escuela de oración, Madrid 1980, 139 pp.

1980. Teologia de Fátima, Vice-Postulaçâo dos Videntes, Fátima 1980, 118 pp.

1980. Fatima-Pontevedra-Tuy: un solo messaggio, “Madre di Dio” 47 (1980) ottobre, 14-15

1982 (póstumo). De nuevo el secreto de Fátima, “EphMar” 32 (1982) 81-94

1982 (póstumo). Si penteranno e lo faranno, ma serà tardi, “Madre di Dio” 49 (1982) marzo, 26-27

1985. Fátima, en NDM: apartados I a IV, pp. 790-797. (El apartado V, Valoración teológica y actualidad de Fátima, pp. 797-801, es obra de S. de Fiores.)

1985. Inmaculado Corazón, en NDM: apartados I a IV, pp. 941-952. (El apartado V, Memoria litúrgica actual, pp. 952-954, es obra de D. Sartor.)

1990 (póstumo). Doctrina y espiritualidad del mensaje de Fátima, Arias Montano, Madrid 1990. 365 pp.

Inéd.- Historia crítica de Fátima-I: Fatimae monumenta historica; II: Estudios críticos, 24 vols. “Ni el título ni el número de vols. es definitivo” (aclara D. Fernández, Bibliografía del P. Joaquín M. Alonso, CMF, “EphMar” 32 (1982) 286-300, la cita en p. 300).

Siglas y abreviaturas empleadas

“EphMar” = “Ephemerides Mariologicae”

“EstMar” = “Estudios Marianos”

“Mar” = “Marianum”

NDM = Fiores, Stefano de-Meo, Salvatore-Tourón, Eliseo (dirs.), Nuevo diccionario de mariología (ed. esp. adaptada), San Pablo, Madrid 21993

miguelruiztintore@gmail.com


[1] Miguel Ruiz Tintoré, Fundamentos dogmáticos de la devoción al Corazón de María, en la obra del P. Joaquín María Alonso (Tesis para la obtención del grado de licenciatura en teología dogmática, dir. José Luis Cabria Ortega), inéd., Facultad de Teología del Norte de España/Sede de Burgos (2012). 254 pp.

[2] No obstante, además de nuestro trabajo, en la misma Facultad de Burgos se le dedicó en 1999 otra tesis de licenciatura: Pablo Brogeras Martínez, El Corazón de María, del olvido a la evocación: Clave mariológica del P. Joaquín María Alonso (Tesis de licenciatura, dir. Eloy Bueno de la Fuente), inéd., Facultad de Teología del Norte de España/Sede de Burgos (1999); incluso tenemos noticia de estar preparándose actualmente otra tesis en Nimes. Puede verse también: Ernesto Barea Amorena, El Padre Joaquín María Alonso Antona, “EphMar” 51 (2001) 57-58; Luis M. Bombín, Rev. Patri Ioachim Mariae Alonso, C.M.F., “Claretianum” 6 (1966) 5-15; Domiciano Fernández, In memoriam, “EphMar” 32 (1982) 5-8; íd., R. P. Joaquín M. Alonso, CMF, “EphMar” 32 (1982) 273-285; íd., Bibliografía del P. Joaquín M. Alonso, CMF, “EphMar” 32 (1982) 286-300; íd., In pace Christi. Joaquín María Alonso, CMF (1913-1981), insigne mariólogo español,  “Mar” 44 (1982) 234-244; íd., Aportación decisiva a la mariología sistemática del P. Joaquín María Alonso, CMF, “EstMar” 56 (1991) 349-367; Francisco Juberías, Aspectos significativos de la vida cordimariana en algunos claretianos más destacados, en VV. AA., Espiritualidad cordimariana de los misioneros claretianos, Vic (Barcelona) 1988, 159-190; P. Largo Domínguez, Ad rerum gestarum memoriam. Los cincuenta años de andadura de Ephemerides Mariologicae, “EphMar” 51 (2001) 11-40; Enrique Llamas Martínez, En los 50 años de la fundación de Ephemerides Mariologicae, “EphMar” 51 (2001) 106-114; íd., Recuerdo de nuestros difuntos. P. Joaquín María Alonso, C.M.F., “EstMar” 47 (1982) 347-351.

[3] A pesar de conservarse en el archivo de Fátima.

[4] NDM/Fátima, 802.

[5] Muchas de las apreciaciones que en este ensayo hacemos sobre el Corazón de María son aplicables, en primer término, al S. Corazón de Jesús; pero ello aparece tan claro, que no nos parece necesario señalarlo cada vez.

[6] Nos las habemos con uno de tantos casos en que resulta –todavía hoy- más importante insistir en lo que determinada realidad –el Corazón de María- no es que en aquello que es. El Corazón de María no es un corazón, sino lo que nosotros hacemos con ese corazón, puesto en función religiosa. El Corazón de María no es un corazón físico, sino una espiritualidad y una devoción.

[7] Prescindimos aquí de la crónica histórica sobre la devoción al Corazón de María que se encuentra en el primer capítulo de nuestro trabajo.

[8] Joaquín María Alonso, Sobre una teología del Corazón de María, “Ad Maiora” 9 (1956) 15-49, la cita en p. 35.

[9] Nos referimos, de un lado, a los teóricos de la devoción al Corazón de Cristo según las revelaciones de Paray-le-Monial, y de otro, a los tratadistas que siguen la estela trazada por S. Juan Eudes; los primeros, según Alonso, conceden excesiva importancia al corazón de carne (tendencia fisicista); los segundos, por el contrario, pueden terminar por la evaporación de las devociones (a los SS. Corazones) por un excesivo rechazo del asidero simbólico (tendencia espiritualizante).

[10] No queremos entrar aquí a enjuiciar algunas distinciones más que lleva a término Alonso: pueden verse en nuestra obra, pp. 125, 149-153, y de hecho la conclusión a la que llegamos ahí es la de que no hay razón para concederles una verdadera trascendencia.

[11] Alonso, que continuamente bebe de la doctrina cordimariana de S. Juan Eudes, en varias ocasiones aduce dos textos fundamentales del santo que se hace indeclinable trasladar aquí:

“Su corazón es la fuente y el principio de todas las grandezas, excelencias y prerrogativas que la adornan, de todas las cualidades eminentes que la elevan por encima de todas las criaturas, como el ser hija primogénita del eterno Padre, madre del Hijo, esposa del Espíritu Santo y templo de la santísima Trinidad […]. Quiere decir también que este santísimo corazón es la fuente de todas las gracias que acompañan a estas cualidades […] y además que este mismo corazón es la fuente de todas las virtudes que practicó […]. ¿Y por qué su corazón es la fuente de todo esto? Porque fueron la humildad, la pureza, el amor y la caridad del corazón los que la hicieron digna de ser la madre de Dios y consiguientemente poseer todas las dotes y todas las prerrogativas que han de acompañar a esta altísima dignidad”(S. Juan Eudes, El Corazón admirable de la Madre de Dios-I, trad. y notas de Joaquín María Alonso, COCULSA, Madrid 1958, 132-133).

“Deseamos honrar en la Virgen madre de Jesús no solamente un misterio o una acción, como el nacimiento, la presentación, la visitación, la purificación; no sólo algunas de sus prerrogativas, como el ser madre de Dios, hija del Padre, esposa del Espíritu Santo, templo de la santísima Trinidad, reina del cielo y de la tierra; ni tampoco su dignísima persona, sino que deseamos honrar en ella ante todo y principalmente la fuente y el origen de la santidad y de la dignidad de todos sus misterios, de todas sus acciones, de todas sus cualidades y de su misma persona, es decir, su amor y su caridad, ya que según todos los santos doctores el amor y la caridad son la medida del mérito y el principio de toda la santidad” (S. Juan Eudes, La dévotion au très saint Coeur et au très sacré Nom de la bienheureuse Vierge Marie, en Oeuvres complètes-VIII, éd. Lebrun-Dauphin, Paris 1902, 435).

[12] No hemos de seguir sosteniendo –como aventurábamos en nuestra obra- que el Corazón de María pueda ser, para Alonso, un principio fundamental de la mariología.

[13] Nos referimos a la tesis de que María no es hija de Dios, sino sponsa Patris.

[14] Joaquín María Alonso, Oportunidad, alcance y obligaciones de la consagración de la Archidiócesis de Sevilla al Inmaculado Corazón de María, en VV. AA., Crónica Oficial de la VI Asamblea Mariana Diocesana dedicada al Ido. Corazón de María, Sevilla 1943, 92-106, la cita en p. 101.

[15] Cfr. Joaquín María Alonso, La Consagración al Corazón de María, acto perfectísimo de la virtud de la religión. Una síntesis teológica, introd. a José María Canal, La Consagración a la Virgen y a su Corazón, COCULSA, Madrid 1960, vol. I, 5-116, la cita en pp. 44-45; Joaquín María Alonso, El Corazón de María en la teología de la reparación, “EphMar” 27 (1977) 305-356, la cita en p. 336.

[16] José RUIZ LÓPEZ, Inmaculado Corazón de María. Consagración y reparación, inéd., 18.

[17] Joaquín María Alonso, El Corazón de la Inmaculada, “Verdad y Vida” 15 (1957) 325-355, la cita en pp. 349-351; también en La Consagración al Corazón de María, acto perfectísimo de la virtud de la religión, cit., 47. 

[18] “Para mí la teología es la búsqueda para poder conocer mejor al que se ama” (Joseph Ratzinger, 1954).

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