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El Fichero-de-Todo-Saber: 20 (13 de noviembre de 2017)

13 noviembre 2017


Sí, el que pierde la fe porque Gagarín no vio a Dios en su “vuelito” [*], lo que pierde en realidad, no es la fe, sino una superstición. Si se imaginaba a Dios como un Señor sentado en un sillón a cien kilómetros por encima de la tierra, lo que tenía no era fe, sino una simple fábula. Y no es que pierda la fe, porque solo puede perderse lo que se tiene.

¿Y quién sembró en su alma esa visión tan materialista y pequeña de Dios? Este es el gran problema. Porque, para que exista un ateísmo de Sputnik, es necesario que haya precedentemente una “fe de fábula”, una presentación del mundo divino carente de toda seriedad y de toda hondura. ¿Abunda en el mundo esa seudofé que puede convertirse en un seudoateísmo?

Sí, es fácil arrancar una flor o una lechuga. No lo es tanto arrancar de raíz un nogal o un castaño. Y resulta que por el mundo hay demasiados cristianos con raíces de flor o de lechuga y muy pocos con fe profunda, clavada en el alma seriamente con raíces de nogal o castaño.

Tal vez, entonces, no baste enfurecerse contra el ateísmo, no baste siquiera sonreír ante sus flojos argumentos. Tal vez la mayoría de nosotros da por supuesto que todos tenemos fe y nadie se cuida de profundizarla. Y un día viene un Gagarín cualquiera…


[*] Gagarín: primer hombre que viajó al espacio; se decía que había pronunciado las palabras “aquí no veo a ningún Dios”.


José Luis Martín Descalzo, “Ateísmo de Sputnik”, en La Gaceta del Norte (1965) 5


15 comentarios leave one →
  1. Una hija de Dios permalink
    13 noviembre 2017 6:00

    Dios me dio una cosa muy grande: hizo que mis padres pusieran en mí la semilla de la fe. No todo el mundo tiene eso.

    Creo que crecí en la fe por herencia hasta la adolescencia. Entonces abrí los ojos y acepté esa fe con fuerte voluntad. Tengo casi medio siglo, y nunca he dejado de ser cristiana católica practicante.

    Se me ocurrió pensar que creo por inercia. Pero no; la fe es un don de Dios; Él me la dio y yo la acepté.

    Sigo teniendo mis defectos, mis errores, mis pecados, supongo que por que soy humana. Y cuando pienso que están esos pecados quizás porque mi fe no es tan profunda, Dios me concede el darme cuenta de que he mejorado.

    Será imposible quizás para los seres humanos no cometer pecados, pero sí les es posible ser hijos de un ser todopoderoso.

    Gracias, Dios mío, por tenerte, por tener como Padre al ser más bueno, más grande, más lleno de amor. Concédeme las fuerzas para seguir mejorando.

    Tu hija que te quiere desea estar a tu lado, aunque sabe que, si llega a estar en la casa del Padre, no será por sus méritos, sino por tu inmensa caridad y bondad.

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    • 13 noviembre 2017 22:43

      Una hermosa descripción de quien ama su fe y la custodia como su mejor tesoro. Una preciosa acción de gracias al que sabes que es tu Padre.

      Solo una observación, y es sobre lo que dices del pecado: que quizá sea imposible evitarlo del todo, y que, si lo cometes, acaso será por ser humana.

      De hecho, pecamos, y no voy a negarlo. Sin embargo, seguramente los peritos en teología espiritual me dirían que sí es posible evitarlos por completo, y que de hecho hay santos que lo han hecho, y no solo Jesús y su madre. En efecto, el pecado nos hace daño, y Dios,
      tan bueno como es, no lo quiere así. Y esa podría ser una cuasi-prueba de que Dios puede darnos tanta gracia como para evitar todo pecado.

      Y dices que pecar es humano. Discrepo oceánicamente. Pecar es lo más antihumano imaginable, porque hace daño al hombre que peca, a otros hombres, a todo el cuerpo místico si se trata de cristianos, etc.

      No puedo admitir que sea humano proporcionar la madera para que cuelguen el Cuerpo de mi Cristo; ser ocasión de la muerte de una Persona divina.

      El pecado no es humano. Lo humano, la regla, es lo de Jesús y María: no pecar nunca; y todos los demás somos la excepción.

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  2. Andrés Núñez permalink
    13 noviembre 2017 6:50

    Gagarin no pronunció estas palabras, eso es solamente un mito. Por cierto, todo apunta a que Gagarin era un cristiano.

    Otra cosa: los ateos no necesitamos un argumento para no creer en Dios (por la misma razón que tú no necesitas un argumento para no creer en “O.V.N.IS.” o fantasmas).

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    • 13 noviembre 2017 23:25

      Mi queridísimo ateo:

      Va de verdad. En los dos artículos iniciales, en el “About” del blog, etc., podrás haber leído mi predilección sincera por las personas que no comparten nuestra fe. Los demás también entran en el juego, pero se trató de una excrecencia.

      Ya sugería yo en la nota que la anécdota pudo ser falsa. Pero para Martín Descalzo no es más que un punto de partida para explicar aspectos y deficiencias de la fe. No remaches tú tanto esos dos datos que das -la falsedad de la frase y el cristianismo del astronauta-, como si nuestra fe se basara en que la hubiera pronunciado y en que fuese absurda. Somos independientes de eso.

      Sobre el resto… Vamos a cuentas. Te diré que yo creo en “O.V.N.IS.” y fantasmas, con una cierta certeza, y sí necesitaría una razón para que se me hiciese fácil creer en un universo tan grande con solo un planeta habitado. Para nosotros, esta es materia discutible. Y necesitaría una razón para no creer en la posibilidad de intervenir en las cosas de acá por parte de los espíritus, habida cuenta de tantas (y a menudo o casi siempre tan dramáticas) experiencias ocurridas, y habida cuenta de que los espíritus angélicos sí intervienen sin duda ninguna.

      Y muchísimo más necesitaría unos buenos argumentos para no creer en Dios, contrariando de esa forma mi naturaleza: “anima naturaliter christiana”, “el alma humana es por naturaleza cristiana”, dijo algún autor antiguo. Los ateos -muy queridos, pero comprenderás que me toca adoptar el tono de polémica- quitáis a Dios como quien quita un problema, pero no sabéis que creáis muchos más problemas de los que creéis solucionar. Y no necesariamente hay que ir a los argumentos de la Creación. Por ejemplo: si Dios no existe, ¿de dónde dimana la ley natural?, es decir: ¿por qué el asesinato, el robo, la mentira, son pecado (quizá con otro nombre) en todas las culturas? “Si Dios no existe, todo está permitido”, son palabras de Dostoievsky. O, si no, sin un Dios, ¿qué esperanza le queda al hombre?, “¿qué podemos esperar?”, decía Kant. O bien, ¿qué hacemos con el dolor?, que para nosotros se entiende en la “esperanza de una salvación consumada, pero no del todo manifestada”?

      En fin, amigo Andrés: toda vez que he tirado abajo todos los fundamentos que has puesto para explicar que “los ateos no necesitáis un argumento para no creer en Dios”, ¿cómo lo harás para seguir en tu increencia? Que algo harás, eso bien lo sé… Un abrazo.

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      • Andrés Núñez permalink
        14 noviembre 2017 1:54

        Confieso que no he leído las entradas anteriores que has mencionado.

        Mi comentario sobre la frase es simplemente una observación, no una crítica. Sin embargo, tengo una objeción sobre la frase que has mencionado, y es que la usas como ejemplo de argumentos ateos, para luego catalogarlos de “flojos”, cuando esto ni siquiera es un argumento ateo.

        Por otras parte, cuando hablo de O.V.N.IS., no me refiero a la posibilidad de la vida en otros planetas, hablo de la “teoría” de que hay naves alienígenas que han visitado nuestro planeta.

        Tú presentas un punto interesante donde dices que crees en fantasmas porque necesitas en una razón para no creer en su existencia. ¿Extiendes esta misma lógica a las naves alienígenas que visitan nuestro planeta? ¿Y a Alá? ¿A Zeus?

        En cuanto a la pregunta del origen de la moralidad. Mi respuesta es “yo no sé”. Pero vamos a intentar adivinar: supongamos que una sociedad acepte que las personas maten y asesinen a su antojo; resulta inmediatamente evidente que matar es peligroso para la sociedad misma; por eso nosotros determinamos que eso es “malo”.

        Tu argumento, sin embargo, ignora una pregunta obvia: ¿por qué hay cosas que son inmorales en algunas culturas, y en otras no? Al parecer, hay por lo menos algunas cuestiones morales que no vienen precisamente de Dios.

        La esperanza del hombre es vivir de la forma más plena posible y de la forma que más le llene el corazón de felicidad.

        Vuelvo a recalcar con diferentes ejemplos: los ateos no necesitan argumentos para no creer en Dios, de la misma manera que los que no creen en hadas, en duendes, en el chupacabras o en el monstruo del lago Ness no necesitan argumentos para no creer en esas criaturas.

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  3. 15 noviembre 2017 22:54

    Me pasmo, porque yo en ningún momento he usado la palabra “flojo”, ni siquiera me he referido a los argumentos ateos en conjunto.

    Sobre esos temas que vienen a ser piedra de toque, los “O.V.N.IS.” y los fantasmas, y si reflexionas en lo que dije, mi necesidad de argumentos para no creer (hablé de “una cierta certeza”) se apoya en los argumentos que la realidad parece estar insinuándome para creer. Y -repito- en la Iglesia son dos temas en los que cabe la pluralidad de opiniones.

    Preguntado que me has a propósito de naves que visitan la Tierra, ahí me planto: no tengo la más remota idea de si eso es real o no. Aquí la realidad no se digna informarme.

    Y ahora: ¿necesito una razón para no creer en…?

    – ¿…”O.V.N.IS.” (= extraterrestres)? Más bien sí, pero es por los pocos datos que tengo, es decir, necesito una razón para el no porque lo que (precariamente) tengo es el sí. Y recuerdo que es una postura personal, y que la fe de la Iglesia no impone nada.

    – ¿…naves alienígenas que visitan nuestro planeta? No tengo ni idea, no sería leal si afirmara o negara. No sé qué pensar, y por consiguiente, suspendo el juicio. Es un caso distinto al anterior. Una situación de suspensión de juicio termina, por supuesto, cuando aparece un argumento suficiente. Si tú quisieras dármelo, se consideraría; pero parece que no es nuestro tema.

    – ¿…fantasmas? Como en el caso de los que he llamado “O.V.N.IS.”

    – ¿…Alá? Ya tengo argumentos para creer que no puede haber un dios en cuyo nombre se asesina hoy diariamente, que lo ha revelado (supuestamente) en el Corán como una de las cinco obligaciones principales y que es la ruina futura de Europa. Mírate esto si lo que necesitas es un susto:

    https://soycurayhablodejesucristo.wordpress.com/2015/11/16/ala-no-parece-tan-grande-la-gravisima-amenaza-musulmana/

    – ¿…Zeus? No necesito argumentos para no creer, sino para creer. Porque ¿tú sabes que algunas de las mentes más preclaras de Grecia (Jenófanes, Sócrates, Platón, Aristóteles, etc.) llegaron a la conclusión de que había un solo dios? Sin embargo, por motivos políticos, por no indisponerse con el pueblo, etc., creían en ese dios “motor inmóvil” en su gabinete filosófico, pero en todo lo demás, se conducían según la religión tradicional. Entre la verdad y la costumbre, eligieron la costumbre. Luego, un Padre de la Iglesia, Tertuliano (s. II), escribió: “Cristo no se llamó a Sí mismo costumbre, sino verdad”.

    Nos vamos a la moral (no debí sacar tantos temas). Si relees mi respuesta, yo hablé de una moral que dimana de una ley natural: la que tenemos todos los hombres independientemente de toda otra condición, o creencia incluso. Yo hablé de “ley natural”; pues bien, tú estás reproduciendo, con toda lógica, el mismo concepto y, en cierto modo, su origen; cuando hablas de algo “inmediatamente evidente”, estás expresando la ley natural, más alguno de sus contenidos.

    Y es cierto que hay cosas que se toman por morales en unas culturas y por inmorales en otras. La ley natural es un contenido de conciencia: la conciencia juzga con arreglo a ella. Pero entonces, justamente porque toda conciencia puede oscurecerse, enturbiarse, aprobar lo malo y condenar lo bueno-, eso puede suceder también con los colectivos y con los pueblos. Y he aquí la razón de que el aborto sea legal (nivel social) en tantos lugares, y tristemente en España.

    Sobre la esperanza, te invito a ponerte delante del espejo y preguntarte, con toda seriedad, si tu corazón está lleno de felicidad. Si eres honrado, no te engañarás. Y no se te ocurra publicar tus resultados aquí…

    En mi opinión, si son racionales, los ateos sí necesitan argumentos para no creer en Dios. Otra cosa será que los que tenemos que empezar probando somos nosotros, en mi opinión, porque somos los que afirmamos, y la carga de la prueba recae sobre el que afirma. Pero entonces -y mucho antes y mucho después-, los creyentes os habremos dado una buena colección de argumentos que no os es permitido despreciar; y hablo aquí, más bien, del nivel de gente culta. Porque también los que no creen en el monstruo del lago Ness han necesitado forjarse o recibir argumentos, dado que muchos sí creen. 

    ¡Qué grato es conversar así, lenta, amablemente, con el que nos lleva la contraria! Esto, probablemente, coincide bastante con lo que se llama “cultura”. Y yo, Andrés amigo, simplemente te doy las gracias. Y vuelvo a mandarte un abrazo por si puede colarse entre las teclas.

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    • Andres Nuñez permalink
      20 noviembre 2017 7:36

      No, no me he ido; he tenido muchas cosas que hacer este fin de semana. [Nota de Miguel.- Andrés dice esto por lo que yo dije en mi apostilla del día 19, que por travesuras del programa, quedó a continuación de la presente.]

      Esta es mi impresión sobre lo que has dicho:

      Nosotros dos estamos más de acuerdo que en desacuerdo. Es extraño encontrar a alguién (en cualquier esfera) que esté dispuesto a hablar abiertamente sobre lo que cree sin volverse agresivo.

      Estoy de acuerdo cuando dices que no necesitas argumentos para no creer, sino para creer (con respecto a Zeus), y estoy generalmente de acuerdo con que no sería honrado afirmar o negar la existencia de naves alienígenas que visitan nuestro planeta.

      Estoy de acuerdo en que los creyentes son los que tienen que comenzar proveyendo argumentos/pruebas.

      Pero no estoy de acuerdo con que los no creyentes estamos de alguna manera obligados a tomar sus argumentos seriamente, y hay tres razones por las que no estoy de acuerdo:

      1. Hay argumentos que no pueden ser investigados y no pueden ser refutados. (E.g.: “A mí me secuestró un extraterrestre y me llevó a su nave espacial”.)

      2. Hay argumentos que no son válidos. (E.g.: los mamíferos son animales y las ranas son animales, entonces, las ranas son mamíferos.)

      3. Podemos no tener la capacidad de entender/investigar el argumento.

      Sobre ese último: es posible que ustedes estén dando un argumento válido e investigable, pero que el ateo no pueda entender -o también que no pueda investigar el argumento- y por ende, que no tenga otra opción que suspender el juicio (y efectivamente rechazarlo).

      Por último, en tu último párrafo has afirmado “[t]al vez, entonces, no baste enfurecerse contra el ateísmo, no baste siquiera sonreír ante sus flojos argumentos”. Por eso dije que has catalogado los argumentos ateos como “flojos”.

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  4. 19 noviembre 2017 0:00

    Se fue. Que Dios lo colme de bendiciones.
    —————————————–
    Esta apostilla sale aquí por alguna manía del programa. Debería ir entre el mío del 15 de noviembre y el siguiente de Andrés.

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    • 22 noviembre 2017 23:10

      Si estamos tan de acuerdo en el sentido de la civilidad del departir, sigamos en ello, Andrés, por esta senda que incluso parece estar llevándonos a toda una amistad. Sigamos.

      A propósito de lo que dije de que no os es lícito despreciar nuestros argumentos, quiero decirte, por un lado, que, como sabrás, hay una literatura de extensión rayana en el infinito sobre nuestra fe y sus contenidos. Y todavía seguimos, porque es necesario. En algún sitio leí que, solo sobre el tema de Jesucristo, se publicaban once mil libros al año.

      Por otro lado, que cuando digo que “no os es permitido despreciar[la]”, no quiero decir que debéis tomarnos por dioses que emanan la verdad; quiero decir que esos argumentos, y lo que no son argumentos, en esa literatura, tienen tanto peso muy a menudo, aportan tanta esperanza, tanta luz, tantos motivos para la alegría y para seguir viviendo, que cualquier persona, entiéndase en condiciones para leer estas cosas, que no las lea está incurriendo en una amputación intelectual: se está quitando la cabeza.

      Tus argumentos para no razonar -en los que no voy a entrar- se supone que valen en todos los ámbitos, ya que no tenemos una mente religiosa y otra para lo demás.

      Aclaro la cosa: lo de los argumentos “flojos” no es mío: está en el texto de Martín Descalzo que da lugar a toda esta nuestra controversia con un té y fondo de violines. Estamos en el “Fichero-de-Todo-Saber”, y saqué esta ficha de este señor cura. Mira al final, y verás que proporciono la referencia con todos los datos que tengo. Pero, si reparas en ello, todo el texto va encaminado a fustigar la “seudofé” predominante, y no al ateísmo.

      Pero me parece que deberíamos retroceder al principio, para tratar de esclarecer tu negación del primer día. Tú dijiste: “Los ateos no necesitamos un argumento para no creer en Dios (por la misma razón que tú no necesitas un argumento para no creer en “O.V.N.IS.” o fantasmas)”.

      He aquí una aseveración fundamental avalada por una que intenta ser prueba. Yo te he desmontado la prueba, porque, con toda sinceridad, te he dicho que sí necesito un no para no creer en esas dos cosas, ya que -“con una cierta certeza”-, basado en los pocos datos que tengo de la realidad sobre esas dos cosas, más bien creo que no creo. Si ese es todo tu argumento, tu ateísmo ha llegado a su final. Si no, cortésmente te emplazo a exponer los demás argumentos en favor de la negación de la necesidad de tales argumentos, que en cambio yo me considero obligado a dar (por la fe) y tú (contra la fe) no.

      Té, violines y una rosa desmayada sobre un velador. Hay silencio en la casa cuando callan los violines: los muebles quieren oírnos: los muebles: y los recuerdos antiguos del marqués de Bradomín, que decía que España se componía de dos clases: una era el marqués de Bradomín, y la otra, el resto de los españoles.

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      • Andrés Núñez permalink
        3 diciembre 2017 1:49

        Perdón por la tardanza; ahora mismo tengo muchas responsabilidades que atender.

        En cuanto a los libros y argumentos cristianos, entiendo que los cristianos no son dioses que siempre emanan la verdad; asimismo, los ateos podemos no tener la capacidad para investigar dichos argumentos.

        El hecho de que hay una cantidad monumental de libros cristianos significa que es imposible que alguien evalue todos sus argumentos y libros.

        Discúlpame sobre eso de los «argumentos flojos», no me habia percatado de la autoria de dicha frase.

        Sobre tu «yo creo que no creo», creo que estamos debatiendo lo mismo en diferentes términos. Para mí, hay una diferencia fundamental entre decir «yo creo que no» y «yo no creo». Y cuando hablas de tu creencia en la no creencia de OVNIS creo que te refieres a mi «yo no creo», el mismo «yo no creo» que yo utilizo para la existencia de Dios.

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  5. 9 diciembre 2017 23:51

    Perdón a mí, esta vez, por la tardanza. Intentaré seguir tu mismo orden.

    La importancia de esos libros y argumentos está en que sean acertados y válidos. Si hay alguien que no los entiende, es una cuestión diferente. Se los explicaremos si lo desea. Y tampoco hablamos de leer los miles de libros que decíamos. Con uno puede bastar, si hay además buena disposición, apertura a la fe posible y testimonio de otros cristianos. Entendiendo -y en realidad es el punto más importante- que la buena disposición ha de ser, sobre todo, en el terreno moral: la fe no es albergar en el cerebro una serie de contenidos, sino adherirse vitalmente a una Persona, la de Jesucristo, con todo lo que ello supone. Ahí nos duele.

    Es cierto que mi posición ante las posibles naves alienígenas es formalmente igual a la tuya: “no creo…”, que no es “creo que no”. Pero ¿es eso el final de la controversia? Pregunto: ahora mismo, en Polinesia, algunas o muchas personas están fumando. ¿Qué te pasa, Andrés, si no puedes saber el número? Absolutamente nada. Como lo de las naves alienígenas: si a mí me importara algo, leería, consultaría, preguntaría, investigaría.

    ¿Qué pasa, en cambio, con el expediente sobre Dios? Si tú descubres a Dios, te llenarás de una enorme esperanza, de una gran alegría, saldrás a las calles, menesteroso de menesterosos, para ofrecer el oro caliente de tu caridad. Y tu fe te hará cambiar de vida, más cuanto más alejado estés. Y como eso supone un esfuerzo nada desdeñable, de ahí viene que muchos que han conocido la autenticidad de la fe cristiana, luego, en la práctica, sigan viviendo como ateos. Pero más tristes.

    En cualquier caso, lo que importa no es lo que yo piense, sino la verdad. No hagas depender tu ateísmo… ¡de mi fe!, ni enfoques el asunto a partir de si yo creo o no creo en extraterrestres. No te cuelgues de cada razonamiento mío. No des continuos argumentos “ad hominem”. Elabora tu propia teoría y explícanosla.

    Que ya bastante me extiendo yo. Un abrazo.

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    • 10 diciembre 2017 0:09

      Me gustaría copiaros el poema “Fe”, de Javier de Bengoechea; lo hago, no obstante, aparte, para que no parezca una andanada contra Andrés, cuyo ateísmo -que no se basa en razones- es distinto del que aquí se confuta:

      No me digáis que el hombre es solo el hombre.
      Haría falta fe para creerlo.
      Una gran fe, difícil y abundante:
      esa fe de creer en lo que vemos.

      Yo no tengo la fe de los que dicen
      que Dios no existe, pero existen ellos,
      y se miran y afirman: esto es todo,
      y son su claro y único argumento.

      Han bajado a las cuevas de sus frentes
      iluminados por el pensamiento.
      No estaba Dios. Nos han tranquilizado:
      bajad sin esperanzas y sin miedo.

      El hombre es hombre y nada más que hombre,
      por estos, y por estos, y por estos
      seguros raciocinios. Hablan claro,
      y explican el porqué de cada hueso.

      Algunos tienen fe, y se lo creen,
      incluso testifican con los muertos.
      No hay que pensar ¿de dónde hemos venido?
      si está claro hasta dónde descendemos.

      Pero yo, no. Yo, no. La fe que tienen
      no llega a mí. Me falta. Yo no creo.
      No sé, no sé, ni sabe nadie. Nadie.
      Lo testifico yo con el misterio.

      El misterio es seguro. Existe. ¡Mira!
      Tapa mis ojos y me deja ciego.
      Cierra mi boca con su tacto oscuro.
      Es la mano de Dios.
      Y yo la beso.

      Me gusta

    • Andrés Núñez permalink
      10 diciembre 2017 7:32

      1. Pues recomiéndame un libro; te prometo que lo leeré, aunque no puedo prometer que sea a corto plazo.

      2. Realmente, creo que no cambiaría mucho mi forma de vivir la vida. Cuando yo era católico, me comportaba muy parecido a como me comporto ahora… Obviamente, hay ciertas cosas con las que no estoy de acuerdo con el catolicismo, y eso, habría que ver cómo se reconcilia.

      3. La pregunta “¿Dios existe?” presenta un problema intrínseco: el Dios en que la mayoría de los cristianos creen no puede ser investigado, no puede ser detectado. Esto presenta el reto imposible de detectar lo indetectable; si este es el caso, entonces, la pregunta simplemente no puede ser respondida.

      Si, por el contrario, el Dios que afirmas puede ser detectado, entonces, tenemos que conocer la definición concreta de ese Dios y cómo podemos detectarlo.

      Me gusta

      • 13 diciembre 2017 16:50

        Recomiéndotelo, sí, señor: “La fe explicada hoy”, de Joe Babendreier, publicado por Rialp (Madrid) en 2016:

        http://www.rialp.com/index.php?op=verlibro&descri=103412

        Lo tienes un poco más barato en “Amazón”:

        https://www.amazon.es/s/?ie=UTF8&keywords=la+fe+explicada+hoy&tag=hydes-21&index=aps&hvadid=182683346300&hvpos=1t1&hvnetw=g&hvrand=11131874514592401080&hvpone=&hvptwo=&hvqmt=b&hvdev=c&hvdvcmdl=&hvlocint=&hvlocphy=1005450&hvtargid=kwd-293401328727&ref=pd_sl_25grsqej32_b

        El cristianismo marca una diferencia. Al que es cristiano de verdad, se lo reconoce antes de que doble la esquina. Es posible que tú, como tantos, fueses católico por inercia, por arrastre: tu familia lo sería, el ambiente empujaba, y de hecho a poca gente se le ocurría la sorprendente idea de dudar de todo aquello. Hemos vivido hasta hace (ya) mucho un cristianismo “sociológico”. Se era cristiano como se era español o como se tenían dos orejas. Pero luego, en fin de cuentas, cumplidas cuatro o cinco obligaciones, uno estaba en paz con Dios o -lo cual podía resultar más necesario- con la suegra meticona y aspaventosa. El resto de mi yo, para yo.

        Y así es como hoy puedo decir que me porto más o menos igual que entonces. En realidad, ese cristianismo rutinario como el cenicero de la “Cinzano” no merecía demasiado la pena. Un asquito.

        Pero si esta descripción no se te adapta a ti, Andrés, se adapta a muchos millones. Hoy todos los cristianos entendemos que estamos aquí para dejarnos la sangre por el pobre. Que si somos de Dios, nos importa hablar con Dios. Que si tenemos la misma madre que Dios, también tenemos derecho a deshacernos de ternura mientras le pedimos por nuestros pobres y nuestros asuntos. Sabemos que, habiendo tanto mal en el mundo, no tenemos derecho a llamar nuestro a nuestro tiempo, y a emplear con libertad nuestro tiempo libre. Sabemos… Hoy ser cristiano es otra cosa. Justamente porque ya no está en el paisaje (ni en el paisanaje), lo somos con el arma en alto, estridente el grito e indecaído el Rosario nuestro de cada día. Sepa el lector qué es, por esta zona del escrito, metafórico y qué no, y adónde señalan las metáforas.

        Sobre detecciones e indetectabilidades, voy a abrir un globito especial, porque este me ha quedado ya muy largo, y porque has dado en tema primordial y muy preferido por mí. Quizá no lo termine hoy.

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