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EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA Y EL ROSARIO-y II

20 junio 2015
by

II. SI REZO EL ROSARIO, DESCUBRO CONTINENTES

Llévanos contigo, Virgen Inmaculada;

correremos tras el olor de tus perfumes.

 

“…y que difundierais, malandrines”


 

“Decíamos ayer” que “El Rosario tiene especialísima relación con la devoción al Corazón de María” (San Antonio-María Claret). Quedábamos diciendo que María es aquella que “guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón” (Lc 2,19). ¿Se dan ustedes cuenta? María ponderaba los acontecimientos de la gracia, de tanta gracia.

Y el Rosario es eso, y no otra cosa. Todas y cada una de las veces que oigo rezar el Rosario sin introducir alguna forma de contemplación de los misterios –como la lectura de un versículo evangélico en cada uno-, pienso: “Estoy oyendo el silencio. Rezan la nada”. Y no le parezca a nadie excesivo. El B. Pablo VI,  hablando de la contemplación, enseñaba: “Sin esta el Rosario es un cuerpo sin alma”. Un cuerpo sin alma es un cadáver. ¡Cuántos hay que rezan cadáveres! Trataré de no seguir por aquí, porque todo eso está dicho de sobra en Máquina de maravillas, o el Rosario rezado de verdad, que no sería mala cosa que leyerais… y que difundierais, malandrines[1].

Corazón en el Rosario, Rosario en el corazón


Solo dejadme copiar unas palabras de ahí, tomadas de Tadeusz Dajczer:


Si el Evangelio nos dice que ella todo lo guardaba y meditaba en su corazón, significa que ella componía su oración con estos acontecimientos. Es como si ella rezara su rosario, un rosario sin cuentas […].

Si rezas el rosario, oras como María, eres como una imagen de la madre de Dios. La imitas en guardar y meditar los misterios del Hijo y de la Madre (cfr. Lc 2,19.51) […].

Al meditarlos entras en contacto con esos misterios, y así se convierten en canales de gracia para ti. Enamorarse del rosario significa enamorarse del Evangelio, enamorarse también de María y de todas las cosas que ella guardaba y meditaba en su corazón (cfr. Lc 2,19), aquellas que fueron el contenido de su vida”[2].


Y ved que, si eso es así, la Virgen tiene su Corazón en su “rosario”, y nosotros estamos llamados a tener nuestro corazón en nuestro Rosario con cuentas. Pero, al mismo tiempo, ella tenía su “rosario” en su Corazón, y nosotros estamos llamados a tener nuestro rosario en nuestro corazón. Porque el Rosario es el portaaviones de los misterios de la vida de Jesús y su Asociada, y esos misterios nos dan la salvación.

“Vosotros me abrís vuestros corazones y yo puedo ayudaros”


El 25 de agosto de 1997, la Virgen Santísima nos dijo en Medjugorje unas palabras extraordinariamente prometedoras:


El Rosario es particularmente importante para mí. Por medio del Rosario, vosotros me abrís vuestros corazones y yo puedo ayudaros [3].


A condición de que el Rosario sea Rosario –estoy demandando de nuevo la contemplación-, ciertamente cuando lo rezamos nos volvemos a la madre. Y, más que decirle cosas (esos rosarios fonéticos, robóticos), la escuchamos a ella. Y ella, oh hermanos, tiene tantas cosas que decirnos, que por mucho que vivamos, nunca será suficiente. Y ese es el modo (la contemplación) como la vida de María, el Corazón de María, se introducen en nuestra vida y van modelándola. Y recibimos las mociones del Espíritu Santo que habita en el Corzón de María. Y acogemos la invitación a cambiar en un punto determinado. Y nuestro corazón se crece al contemplar su hermosura y considerar, a continuación, que la tan hermosa nos ama hasta crujirle los huesos. Y entonces nos damos cuenta: le hemos abierto nuestro corazón, y ella, ciertamente, nos ha ayudado.

El Rosario… mariano


Y mirad, además, que existe una cosa importante que muy a menudo no se tiene en cuenta. El Rosario, en expresión de San Juan Pablo II, es “contemplar con María el rostro de Cristo”[4], y en expresión del B. Pablo VI, se encamina a “la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor”[5]. Yo cruzo las dos definiciones, y digo “contemplar el rostro de Cristo con el Corazón de María”.

Es que el Rosario es oración mariana, pero no solo en las avemarías: también en lo substantivo, que es la contemplación. Y en el Rosario no es propio contemplar los misterios sin tener presente de un modo u otro la participación de la Virgen en ellos. De hecho, a menudo nos ocurrirá que un misterio que –por limitaciones que todos tenemos- no sabemos por dónde coger, cuando lo contemplamos a la luz de María, lo vemos reverberar en un Corazón excelso, pero humano como el mío, y empezaremos a entrar en el tal misterio. La Virgen nos acerca lo divino.

¿Y cómo metemos a la Virgen en todos los misterios? No, no: la Virgen está en todos ellos. Lo que nos cumple es sacarla, descubrirla, en algunos que parece que se resisten más a ello. ¿Los medios? El Espíritu Santo, más la imaginación, más la obra del tiempo, más la importante obra de las lecturas. Eso diría yo si me lo hubierais preguntado.

Quiera Dios, oh hermanos, que haya acertado, no a establecer unas relaciones entre el Rosario y el Corazón de María, sino a descubrirlas, y a descubrir cuáles son y lo que implican sin equivocarme demasiado. Oh hermanos.


[1] Precisamente en la Máquina traté sobre la contemplación del Rosario y formas concretas de llevarla a término. Con algunos más temas rosarianos.

[2] Tadeusz Dajczer, Meditaciones sobre la fe, San Pablo, Madrid 1994, 241-242.

[3] Más de 30 años de mensajes de la Reina de la Paz, ADADP, Sant Cugat del Vallès (Barcelona) 2013, 115.

[4] Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, n.º 3.

[5] Exhortación apostólica Marialis cultus (1974), n.º 47.


10 comentarios leave one →
  1. 22 junio 2015 7:16

    JULIÁN ENRIQUE BETANCOURT ESCOBAR [AUNQUE HE DE PUBLICARLO ASÍ POR DIFICULTADES TÉCNICAS]

    Muy importantes sus mensajes, sus observaciones sobre el rezo del santo Rosario.

    Me gusta

    • 22 junio 2015 8:17

      Y ¿dónde podemos ver esos mensajes?

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      • 22 junio 2015 13:31

        Vale. Acabo de deducir que debe ser un comentario que te han hecho a ti.

        Me gusta

      • 23 junio 2015 7:17

        Perdona, Clara María; no sé de qué estás hablando.

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      • 23 junio 2015 8:17

        [Respondo al primer mensaje del 22 de junio]

        Me imagino que te refieres a los de Medjugorje. Yo tengo un libro que los recoge todos, desde el comienzo en 1981 hasta 2013. Está citado en la nota 3. Son 222 págs., y lo deja muy claro:

        “PARA ADQUIRIR ESTE LIBRO, DIRÍJASE A:
        “A.D.A.D.P.
        “C/ Alicante, 3
        “08195 Sant Cugat del Vallès
        “afpersona@gmail.com
        “Teléfonos : 629792849 y 676059594 (tardes)”

        Pero las apariciones no terminaron con la edición de este volumen, ¿verdad? Pues entonces lo que hay que hacer es suscribirse al precioso y substancioso “Boletín de Sor Emmanuel”, que se envía por c. e. mensualmente. Hay que pedirlo a:

        boletinsoremmanuel@mensajerosdelareinadelapaz.org

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  2. 24 junio 2015 22:11

    Reblogueó esto en Virgen Peregrina del Barrio San Joséy comentado:
    Veíamos el otro día, en la primera parte de este artículo (Enlace), sobre cómo Jesus se encarnó primero en el Corazón Inmaculado de María y luego en su carne. También de cómo Ella guardaba todas las cosas ponderándolas en su Corazón. Y veremos hoy la estrechísima vinculación entre este Corazón y el Santo Rosario, que es recitado, pero más aun debe ser contemplado.

    Segunda parte de “EL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA Y EL ROSARIO”:

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  3. 24 junio 2015 23:55

    Don Miguel, hay algo que no entiendo. Cuando yo hago el rosario, me sumerjo en el Corazón de María para meditar los misterios, pero hay unos en los que no puedo. Por ejemplo, la Transfiguración, o el Bautismo del Señor. ¿Cómo contemplo desde María estos misterios? Porque están más ligados a la divinidad de Jesús, a su relación íntima con la Santísima Trinidad, de la cual, ya lo sé, María no está exenta teológicamente, pero históricamente, la imagen me cuesta.

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    • 25 junio 2015 22:00

      A mí también me cuestan los misterios que dices y otros. En particular, los de luz -excepto el quinto- están faltos de toda la enorme tradición artística, literaria, teológica, folclòrica, litúrgica, etc., que tienen los demás, y ha de pasar todavía mucho tiempo hasta que la tengan, y esto quiere decir que no tenemos tantas ayudas.

      En primer lugar, advierto que supongo aplicables al Rosario estas palabras que San Luis María Grignion de Montfort escribió sobre la Esclavitud Mariana: la gracia última y arcana del Rosario solo se concede

      “a quien el Espíritu Santo de Jesucristo revele este secreto y lo conduzca por sí mismo para hacerlo avanzar de virtud en virtud, de gracia en gracia, de luz en luz, hasta transformarlo en Jesucristo y llevarlo a la plenitud de su madurez sobre la tierra, y a la perfección de su gloria en el cielo” (“Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen”, 119).

      Además, te veo preocupada si te metes en la Trinidad o en la teología contemplando un misterio. Yo creo que en el Rosario debemos concedernos una flexibilidad, una amplitud de imaginación, que nos autorice cualquier cosa, Si no, quizá es al Espíritu Santo a quien estamos imponiendo reglas. Y mi única regla, en esto, es empezar por contemplar la escena evangélica, y luego, que sea… lo que Dios quiera.

      Un consejo que prodigaba San Josemaría Escrivá (mañana es su fiesta, mañana se realiza la dedicación de la parroquia de San Josemaría en Burgos) era el de contemplar haciéndonos niños. Es la esencia de su librito “Santo Rosario”, que de inmediato te mando:

      “Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño. Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños…, rezar como rezan los niños.”

      Por último: yo, que tengo esas dificultades que tú declaras con el Bautismo y la Transfiguración, muy a menudo las solvento recurriendo a la memoria de los pasajes correspondientes de “Jesús de Nazaret”, de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Con esto quiero decir que nos hace falta leer -además de los Evangelios- vidas de Jesús y de María. Con esto, nuestra contemplación de los misterios se enriquece por demás.

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      • 25 junio 2015 23:29

        Sí, todo se reduce a falta de información. Yo consigo meterme en la escena, pero una vez ahí, no sé cómo seguir en la meditación. A lo mejor es más falta de dejarme guiar por el Espíritu, además de lo otro.

        Haremos camino al andar… ¡Gracias!

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