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«…Y ASÍ PODEMOS CANTAR YA AHORA EL CANTO DE LOS SALVADOS» (BENEDICTO XVI INAUGURA LA PASCUA)

5 abril 2015

(Sugerencias para más leer en este blog el Domingo de Resurrección y en la Pascua:)

La alegría infinita (Perlas para mis amigos-58) (Versión impresionante del Pregón Pascual, en power point)

Regina caeli con letra y música en latín y en español (Perlas para mis amigos-59) (incluye vídeos con la letra y con buen canto): pinchad aquí y aquí. Es el rezo o canto que, sustituyendo al Ángelus, se dirige en el tiempo pascual a la S.ma Virgen.

«¡Era verdad!», o mi pregón pascual

«El estilo divino» (Joseph Ratzinger-Benedicto XVI habla de la Resurrección)

Siempre ramas de almendro

«Cuando la muerte sea vencida… (Recitado) (Perlas para mis amigos-72)

(Música para estar contentos porque el Señor ha resucitado:)

– Unas auténticas preciosidades de versiones de LA JOYA MAGNA DE LA MÚSICA SACRA: EL PREGÓN PASCUAL; no os canséis, y disfrutadlas todas:

Ya os he recordado La alegría infinita, que es una versión libre impresionante del Pregón.

En latín, en la basílica de San Pedro:

– Pregón gregoriano en español:

– Pregón en español:

– Versión de Pax TV:

UN CANTO QUE A MÍ ME EMOCIONA MUY  ESPECIALMENTE: ÍBAMOS DOS CAMINO DE EMAÚS:

– En un mix:

– Versión del seminario de Chile:

POR ÚLTIMO, UN CANTO DE LA LITURGIA DE LAS HORAS, EN VÍSPERAS: QUÉDATE CON NOSOTROS:


 Aquí tenéis, extractada (como los corchetes indican), la homilía de Benedicto XVI en la Vigilia Pascual de 2009. Y a fe mía que viene bien, porque hay tantos que se creen que la Iglesia se hunde, o siquiera que puede hundirse… «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios…» (Rom 5,5).

Los titulillos son míos.


Aprender la resurrección por la luz, el agua y el canto


[…] San Marcos nos relata […] que los discípulos […] discutían entre ellos sobre lo quería decir «resucitar de entre los muertos» (cfr. Mc 9,10). Antes, el Señor les había anunciado su pasión y su resurrección a los tres días […]. ¿Acaso no nos sucede lo mismo a nosotros? La Navidad […] nos resulta enseguida hasta cierto punto comprensible. Podemos amar al Niño, podemos imaginar […] la alegría de María, de san José […]. Pero resurrección ¿qué es? No entra en el ámbito de nuestra experiencia y, así, el mensaje muchas veces nos parece en cierto modo incomprensible, como una cosa del pasado. La Iglesia trata de hacérnoslo comprender traduciendo este acontecimiento misterioso en el lenguaje de los símbolos, en los que podemos contemplar de alguna manera este acontecimiento sobrecogedor. En la Vigilia Pascual, nos indica el sentido de este día especialmente mediante tres símbolos: la luz, el agua y el canto nuevo, el Aleluya.

Primero, la luz


Primero, la luz. La creación de Dios […] comienza con la expresión: «Que exista la luz» (Gén 1,3). Donde hay luz, nace la vida, el caos puede transformarse en cosmos. En el mensaje bíblico, la luz es la imagen más inmediata de Dios: Él es todo Luminosidad, Vida, Verdad, Luz. En la Vigilia Pascual, la Iglesia lee la narración de la creación como profecía. En la resurrección se realiza del  modo más sublime lo que este texto describe como el principio de todas las cosas. Dios dice de nuevo: «Que exista la luz». La resurrección de Jesús es un estallido de luz. Se supera la muerte, el sepulcro se abre de par en par. El Resucitado mismo es Luz, la luz del mundo. Con la resurrección, el día de Dios entra en la noche de la historia. A partir de la resurrección, la luz de Dios se difunde en el mundo y en la historia. Se hace de día. Sólo esta Luz, Jesucristo, es la luz verdadera, más que el fenómeno físico de luz. Él es la pura Luz: Dios mismo, que hace surgir una nueva creación en aquella antigua, y transforma el caos en cosmos.

[…] ¿Por qué Cristo es Luz? En el Antiguo Testamento, se consideraba a la Toráh como la luz que procede de Dios para el mundo y la humanidad. Separa en la creación la luz de las tinieblas, es decir, el bien del mal. Indica al hombre la vía justa para vivir verdaderamente. Le indica el bien, le muestra la verdad y lo lleva hacia el amor, que es su contenido más profundo. Ella es «lámpara para mis pasos» y «luz en el sendero» (cf. Sal 119,105). Además, los cristianos sabían que en Cristo está presente la Toráh, que la Palabra de Dios está presente en Él como Persona. La Palabra de Dios es la verdadera Luz que el hombre necesita. Esta Palabra está presente en Él, en el Hijo. El Salmo 19 compara la Toráh con el sol que, al surgir, manifiesta visiblemente la gloria de Dios en todo el mundo. Los cristianos entienden: sí, en la resurrección, el Hijo de Dios ha surgido como Luz del mundo. Cristo es la gran Luz de la que proviene toda vida. Él nos hace reconocer la gloria de Dios de un confín al otro de la tierra. Él nos indica la senda. Él es el día de Dios que ahora, avanzando, se difunde por toda la tierra. Ahora, viviendo con Él y por Él, podemos vivir en la luz.

En la Vigilia Pascual, la Iglesia representa el misterio de luz de Cristo con el signo del cirio pascual, cuya llama es a la vez luz y calor. El simbolismo de la luz se relaciona con el del fuego: luminosidad y calor, luminosidad y energía transformadora del fuego: verdad y amor van unidos. El cirio pascual arde y, al arder, se consume: cruz y resurrección son inseparables. De la cruz, de la autoentrega del Hijo, nace la luz, viene la verdadera luminosidad al mundo. Todos nosotros encendemos nuestras velas del cirio pascual, sobre todo las de los recién bautizados, a los que, en este Sacramento, se pone la luz de Cristo en lo más profundo de su corazón. La Iglesia antigua ha calificado el Bautismo como fotismós, como Sacramento de la iluminación […], y lo ha relacionado inseparablemente con la resurrección de Cristo. En el Bautismo, Dios dice al bautizando: «Recibe la luz». El bautizando es introducido en la luz de Cristo. Ahora, Cristo separa la luz de las tinieblas. En Él reconocemos lo verdadero y lo falso, lo que es la luminosidad y lo que es la oscuridad. Con Él surge en nosotros la luz de la verdad y empezamos a entender. Una vez, cuando Cristo vio a la gente que había venido para escucharlo y esperaba de Él una orientación, «sintió lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor» (cf. Mc 6,34). Entre las corrientes contrastantes de su tiempo, no sabían adónde ir. Cuánta compasión debe de sentir Cristo también en nuestro tiempo por tantas grandilocuencias, tras las cuales se esconde en realidad una gran desorientación. ¿Adónde hemos de ir? ¿Cuáles son los valores sobre los cuales regularnos? ¿Los valores en que podemos educar a los jóvenes, sin darles normas que tal vez no aguantan o exigirles algo que quizás no se les debe imponer? Él es la Luz. El cirio bautismal es el símbolo de la iluminación que recibimos en el Bautismo. Así, en esta hora, también san Pablo nos habla muy directamente. En la Carta a los Filipenses, dice que, en medio de una generación tortuosa y convulsa, los cristianos han de brillar como lumbreras del mundo (cf. 2,15). Pidamos al Señor que la llamita de la vela, que Él ha encendido en nosotros, la delicada luz de su palabra y su amor, no se apague entre las confusiones de estos tiempos, sino que sea cada vez más grande y luminosa, con el fin de que seamos con Él personas amanecidas, astros para nuestro tiempo.

El segundo símbolo de la Vigilia Pascual –la noche del Bautismo– es el agua. Aparece en la Sagrada Escritura y, por tanto, también en la estructura interna del Sacramento del Bautismo, en dos sentidos opuestos. Por un lado está el mar, que se manifiesta como el poder antagonista de la vida sobre la tierra […], pero al que Dios ha puesto un límite. Por eso, el Apocalipsis dice que en el mundo nuevo de Dios ya no habrá mar (cf. 21,1). Es el elemento de la muerte. Y por eso se convierte en la representación simbólica de la muerte en cruz de Jesús: Cristo ha descendido en el mar, en las aguas de la muerte, como Israel en el Mar Rojo. Resucitado de la muerte, Él nos da la vida. Esto significa que el Bautismo no es sólo un lavacro, sino un nuevo nacimiento: con Cristo es como si descendiéramos en el mar de la muerte, para resurgir como criaturas nuevas.

¿Cuántos significados tiene el agua?


El otro modo en que aparece el agua es como un manantial fresco, que da la vida, o también como el gran río del que proviene la vida. Según el primitivo ordenamiento de la Iglesia, se debía administrar el Bautismo con agua fresca de manantial. Sin agua no hay vida. Impresiona la importancia que tienen los pozos en la Sagrada Escritura. Son lugares de donde brota la vida. Junto al pozo de Jacob, Cristo anuncia a la Samaritana el pozo nuevo, el agua de la vida verdadera. Él se manifiesta como el nuevo Jacob, el definitivo, que abre a la humanidad el pozo que ella espera: esa agua que da la vida y que nunca se agota (cfr. Jn 4,5.15). San Juan nos dice que un soldado golpeó con una lanza el costado de Jesús, y que del costado abierto, del corazón traspasado, «salieron sangre y agua» (cfr. Jn 19,34). La Iglesia antigua ha visto aquí un símbolo del Bautismo y la Eucaristía, que provienen del corazón traspasado de Jesús. En la muerte, Jesús se ha convertido Él mismo en el manantial. El profeta Ezequiel percibió en una visión el Templo nuevo del que brota un manantial que se transforma en un gran río que da la vida (cfr. 47,1.12): en una Tierra que siempre sufría la sequía y la falta de agua, esta era una gran visión de esperanza. El cristianismo de los comienzos entendió que esta visión se ha cumplido en Cristo. Él es el Templo auténtico y vivo de Dios. Y es la fuente de agua viva. De Él brota el gran río que fructifica y renueva el mundo en el Bautismo, el gran río de agua viva, su Evangelio que fecunda la tierra. Pero Jesús ha profetizado en un discurso durante la Fiesta de las Tiendas algo más grande aún: «El que cree en mí… de sus entrañas manarán torrentes de agua viva» (Jn 7,38). En el Bautismo, el Señor no sólo nos convierte en personas de luz, sino también en fuentes de las que brota agua viva. Todos nosotros conocemos personas de este tipo, que nos dejan en cierto modo sosegados y renovados; personas que son como el agua fresca de un manantial. No hemos de pensar sólo en los grandes personajes […]. Las encontramos continuamente también en nuestra vida cotidiana: personas que son una fuente […].

Cantar, cantar, cantar


El tercer gran símbolo de la Vigilia Pascual es […] el cantar el canto nuevo, el aleluya. Cuando un hombre experimenta una gran alegría, no puede guardársela para sí mismo. Tiene que expresarla, transmitirla. Pero ¿qué sucede cuando el hombre se ve alcanzado por la luz de la resurrección y, de este modo, entra en contacto con la Vida misma, con la Verdad y con el Amor? Simplemente, que no basta hablar de ello. Hablar no es suficiente. Tiene que cantar. En la Biblia, la primera mención de este cantar se encuentra después de la travesía del Mar Rojo. Israel se ha liberado de la esclavitud. Ha salido de las profundidades amenazadoras del mar. Es como si hubiera renacido. Está vivo y libre. […]. «Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron un cántico al Señor» [Éx 15,1]. En la Vigilia Pascual, entonamos […] este canto […], lo entonamos como nuestro cántico, porque también nosotros, por el poder de Dios, hemos sid0 rescatados del agua y liberados para la vida verdadera.

[…] Mientras que a fin de cuentas debería hundirse, la Iglesia entona el canto de acción de gracias de los salvados. Está sobre las aguas de muerte de la Historia y, no obstante, ya ha resucitado. Cantando, se agarra a la mano del Señor, que la mantiene sobre las aguas. Y sabe que, con eso, está sujeta, fuera del alcance de la fuerza de gravedad de la muerte y del mal –una fuerza de la cual, de otro modo, no podría escapar-, sostenida y atraída por la nueva fuerza de gravedad de Dios, de la verdad y del amor.

Por el momento, la Iglesia y todos nosotros nos encontramos entre los dos campos de gravitación. Pero desde que Cristo ha resucitado, la gravitación del amor es más fuerte que la del odio; la fuera de gravedad de la vida es más fuerte que la de la muerte […]. Siempre se tiene la sensación de que [la Iglesia] ha de hundirse, y siempre está ya salvada. San Pablo ha descrito así esta situación: «Somos… los moribundos que están bien vivos» (2 Cor 6,9). La mano salvadora del Señor nos sujeta, y así podemos cantar ya ahora el canto de los salvados, el canto nuevo de los resucitados: ¡Aleluya!

8 comentarios leave one →
  1. justolofeudo@yahoo.es permalink
    5 abril 2015 12:37

    Gracias, hermano en el sacerdocio, por tan excelente material. ¡Cuánto bien hace releer o recordar las enseñanzas y homilías de tan luminoso Papa, nuestro amado Benedicto XVI.

    Te abrazo con el corazón colmado de alegría pascual. En Cristo Resucitado y glorioso,

    Justo Antonio Lofeudo M.S.E.

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    • 7 abril 2015 0:18

      El papa emérito ha sido una grandísima bendición desde que empezó a estudiar hasta que renunció y dejó de ser papa. Y ahora no está retirado precisamente, y no hace menos, sino más, como escribí el mismo día de la renuncia (escribe en el buscador “El Papa no se va”).

      Solo que… echamos tanto de menos sus libros… Y para él debe de ser un sacrificio hercúleo el no escribir; pero dijo que no, y es que no: la causa, que en la presente situación, cualquier cosa sería ineluctablemente malinterpretada.

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  2. Aurora - permalink
    5 abril 2015 22:00

    ¡Feliz Pascua de Resurrección! Acabo de llegar de Lourdes -nunca había ido-, y me extrañó que no hubiera Oficios de Semana Santa; solo vi que estaban haciendo el Via Crucis el Viernes por la mañana; ¡qué raro!, ¿no?

    Saludiños. Aurora

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    • 7 abril 2015 0:26

      Un saludiño. Yo quisiera recordar al persohal que en muchos lugares hay un buzón de sugerencias, y que a menudo una enmienda en el modo de hacer algo es hija de un papeote metido en ese buzón.

      Un saludiño.

      Me gusta

  3. Jorge Shamar permalink
    14 abril 2015 1:34

    Agradecido por toda esta riqueza espiritual de la cual podemos participar, “para dar fruto en abundancia”. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

    Jorge Shamar

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