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TODOS LOS CURAS SOMOS PEDERASTAS

1 marzo 2015

Cardenal Timothy Dolan

Originalmente publicado en su blog personal, bajo el título «”¿Es usted cura? No puedo mirarle a usted ni a ningún otro sin pensar en un abusador sexual”». Difundido por la internet por Jorge Enrique Mújica, L. C.


Era solo la tercera vez que me pasaba en mis treinta y cinco felices años como sacerdote, las tres veces en los últimos 9 años y medio. Otros sacerdotes me cuentan que les ha sucedido muchas más veces. Pero tres son bastante. Cada vez me agitó hasta la náusea.

Sucedió un viernes. Acababa de llegar al aeropuerto de Denver para hablar en su popular convención anual, Living Our Catholic Faith. Mientras esperaba al tren eléctrico que me llevase a la terminal, un hombre de unos cuarenta y pico años, que también estaba esperando, se me acercó.

«¿Es usted un sacerdote católico?», preguntó con amabilidad.

«Sí, claro. Mucho gusto», le dije, tendiendo mi mano. Él la ignoró.

«Crecí en un hogar católico», respondió. Yo no estaba preparado para el filo aguzado de su estileto. «Ahora soy padre de dos chicos, y no puedo mirarle a usted ni a ningún otro cura sin pensar en un abusador sexual».

¿Qué responder? ¿Chillarle? ¿Pedir disculpas? ¿Expresar comprensión? Admito que todas esas reacciones vinieron a mi mente mientras me debatía entre la vergüenza y la rabia por el daño y la herida que infligía con esas palabras punzantes.

[…]

«Si hubiese conocido las noticias del New York Times sobre la alta tasa de abusos contra los más indefensos en la mayoría de hogares tutelados por el estado, con abusadores simplemente transferidos de un hogar a otro, también lo hubiera mencionado.

No respondió, así que continué.

«Perdone que sea tan contundente, pero usted lo fue conmigo, así que permítame preguntar: ¿cuando usted se mira al espejo, ve un abusador sexual?»

Ahora era él quien se sobresaltaba como yo antes. «¿De qué demonios me habla?», dijo.

«Es triste, pero los estudios nos dicen que la mayoría de los niños abusados sexualmente son víctimas de sus padres o de otros miembros de la familia», respondí.

Ya era bastante. Lo vi inquieto y traté de suavizarlo.

«Le diré que, cuando lo veo a usted, yo no veo un abusador, y apreciaría la misma consideración por su parte.»

El tren nos había llevado a la zona de recogida de equipajes y salimos juntos.

«Bien, entonces ¿por qué solo oímos toda esa basura acerca de ustedes los curas?», preguntó, pensativo.

«Lo mismo nos preguntamos los curas. Tengo una serie de razones, si le interesa.»

Asintió mientras caminábamos hacia la cinta transportadora.

«Por un lado, los curas merecemos un escrutinio más intenso porque la gente confía más en nosotros, ya que osamos afirmar que representamos a Dios, así que si uno de nosotros hace esas cosas, aunque sólo una diminuta minoría lo haya hecho, es más repugnante. Segundo, me temo que hay muchos por ahí que no aman a la Iglesia y hacen lo que pueden por dañarnos. Este es un tema con el que se perecen por azotarnos sin descanso. Y tercero, y odio decirlo, se puede sacar mucho dinero denunciando a la Iglesia Católica, mientras que apenas vale la pena denunciar a alguno de los grupos que he enumerado antes».

Ahora ambos teníamos ya nuestro equipaje y nos dirigimos a la puerta. Él tendió su mano, la que cinco minutos antes no había tendido. Nos dimos un apretón. «Gracias, encantado de haberle conocido», dijo. Se detuvo un momento. «¿Sabe? Pienso en los grandes sacerdotes que conocí de niño. Y ahora, que trabajo en I. T. en la Universidad Regis, conozco a algunos jesuitas devotos. No deberíamos juzgarlos a todos ustedes por los horribles pecados de unos pocos».

«Gracias», sonreí. Supongo que las cosas se habían arreglado porque, mientras se iba, añadió: «Al menos, le debo un chiste: ¿Qué sucede si no puedes pagar a tu exorcista?»

«Ni idea», respondí.

«Una re-posesión.»

Nos reímos y nos separamos. Pese al final feliz, aún temblaba y casi sentí que necesitaba un exorcismo para expulsar de mi alma sacudida el horror que todo este asunto ha significado para las víctimas y sus familias, para nuestros católicos, como ese hombre… y para nosotros, los sacerdotes.

5 comentarios leave one →
  1. 1 marzo 2015 23:40

    Reblogueó esto en Historias de aquí y de alláy comentado:

    Muy interesante lo que ha publicado Miguel del Cardenal Timothy Dolan.
    Claro que hay curas pederastas, por desgracia, como también hay padres pederastas, maestros pederastas… El mal se mete en todas partes, pero es curioso que sólo se habla y sale en las noticias los pederastas que son curas cuando la mayoría de niños abusados dice que son por padres o familiares.

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  2. Molinadaza permalink
    2 marzo 2015 8:52

    Bueno, yo no lo veo curioso. Lo entiendo perfectamente.

    ¿Quién desea ver a la Iglesia hundida? ¿Quién lucha de forma tenaz y persistente contra Dios?… satanás es su nombre.

    Él es el padre de la mentira, del engaño, el embaucador, el maestro del mal. Esta es parte de su lucha: alejar bajo cualquier excusa a todo el que pueda de la Iglesia, creada por Jesucristo para nuestra salvación. El demonio nos odia y hará todo lo posible para que nos condenemos. Habla al oído a todo el que está dispuesto a escucharle, le inunda con razonamientos y le hará ver lo que éll quiera.

    No va a cansarse de luchar, y no deben extrañarnos todas estas cosas y más en un mundo que tiende a alejarse del Señor.

    A nosotros nos queda rezar, escuchar y contestar con paz y amor a todos esos ataques. Nuestras lucha es la oración y dejar que Dios sea Dios. Ser cada vez más pequeños para que Él sea más grande, abandonarnos en sus brazos, dejarnos llenar por el Espíritu Santo para que sea Él quien hable.

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    • 2 marzo 2015 18:25

      Gracias por tu y vuestro apoyo, Molinadaza. Qué verdad es que, en realidad, el pueblo cristiano quiere a sus sacerdotes.

      No creo ser (en esto) tan sensible como el cardenal. No sé si alguna vez me han llamado “pederasta”. Pero creo que no me afectó o afectará precisamente mucho. Si “las verdades ofenden”, se supone que, normalmente, las mentiras no.

      Y me quedaré tan pichi. Gracias por ti y vuestro apoyo,

      Me gusta

  3. Msal permalink
    4 marzo 2015 2:16

    Es buena la reflexión del cardenal. No pueden pagar justos por pecadores. Creo que la Iglesia no hizo bien en ocultar los casos y proteger a los abusadores. En primer lugar, por el dolor de las víctimas y sus familias, y en segundo lugar, porque esa omisión instaló una injusta sombra y duda sobre el resto de los sacerdotes.

    Un abrazo desde la Argentina. Martín.

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  4. Amelia M. Juliá permalink
    19 marzo 2015 11:33

    La reflexión del Cardenal es buenísima. Cosas que también suceden en gimnasios, en campamentos o en la casa de en frente. Está muy bien razonado.

    Me gusta

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