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YO AMO LA NAVIDAD, A ÉL LE DA RABIA

20 diciembre 2014

Sin duda, buena cantidad de personas, aun cristianas, celebra la Navidad como si hubiese nacido un oso panda: con toda paganía. A mí eso ni me quita ni me pone, en el sentido en que ahora mismo le explicaré a uno de tantos que -viéndonos a nosotros- denigran la Navidad.

 

La Navidad está debajo de su propia piel. A ti, multiplicado entre los españoles, que denigras la Navidad, te brindo mi palabra diferente. Escúchala si quieres. La vida chirría, y tú eres libre de buscar el alivio donde el alivio no lo dan. Escúchala si quieres, porque yo te digo que yo tengo alivio.

La piel de la Navidad: despilfarro, insolidaridad, Misas de Gallo vacías de Dios y repletas de hambres de gallo, acaso hipocresía en tantas felicitaciones… y un niño que cruza la calle sin jersey, sin zapatos, sin Navidad y sin cuentos chinos.


«Me han dicho que es Navidad,

que la paz ha llegado a nuestro mundo,

pero he abierto la puerta de madera

y he vuelto a ver el mismo sol,

pero he abierto la puerta de madera

y he vuelto a ver la misma miseria.

¿Me habláis de la Navidad

cuando no he comido esta noche?

¿Me habláis de la Navidad

cuando mis hijos mueren de hambre?

Me han dicho que es Navidad,

que la vida ha llegado a nuestro mundo,

pero esta mañana me han arrebatado

el pequeño campo que me alimentaba,

pero esta mañana me han echado

de mi tierra, como a un perro.

Me han dicho que es Navidad,

que la vida ha brillado para todos,

pero han pasado ya tres días

y me encuentro sin medicinas,

pero han pasado ya tres días

y aún estoy sin tratamiento alguno» [1].


 

¡Escupimos así sobre la Navidad cuando creemos celebrarla! En eso, denigrante hermano, ¿cómo demonios no íbamos a estar de acuerdo?

Y es, de esta forma, la Navidad nuestra una celebración de cumpleaños en la que todos ríen, danzan e intercambian regalos dentro de la sala…, mientras al Que cumple los años no lo dejan entrar, y mira lloroso por el ojo de la cerradura. Dejad un rinconcito, ¿eh?, para Jesús en Navidad. Porque dicen los sabios que Él, y su madre y su padre, algo tienen que ver en esto.

Denigrante amigo: así, muchos; te prevengo que otros muchos viven una Navidad ejemplar.

Y, sin embargo, la Navidad está debajo de su propia piel.

La Navidad poco tiene que ver con cómo la celebremos. La liturgia pone ante nosotros los misterios, y los misterios se repiten auténtica, pero diferentemente. San Bernardo enseña que hay el Adviento primero, con el que esperamos la Navidad, el Adviento final, con el que esperamos el último Día y la consumación de la gloria, pero también, entre uno y otro, existe el Adviento medio, que no es otra cosa que la venida de Jesús a nuestros corazones y vida. Y dice algo así como «Él viene en la medida de tus deseos».

Pero lo que hace falta señalar es que la Navidad jamás la hacemos nosotros, como no sea en este sentido espiritual imprescindible recién reseñado, que en realidad es dejarse hacer por Él. La Navidad no la hago yo, y en la Biblia no sale mi nombre[2]. La venida del Hijo de Dios al Corazón y luego al vientre de María y al frío y el mal olor del pesebre y de la Cruz –ya que «no le llegó la muerte por haber nacido, sino que tomó sobre sí el nacimiento a causa de la muerte»[3]– son iniciativa divina.

«En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados» (1 Jn 4,10). Y es que «tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él… tenga vida eterna» (Jn 3,16). Y fue en estas fechas cuando «al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos» (Gál 4,4-5).

Ya se ve: lo substantivo de la Navidad corre de cuenta de Dios y de María, su Asociada. Se abrían las Puertas del tiempo nuevo. Llegaban el perdón, el Espíritu Santo, la gracia, el ser hijos de Dios, el ser sagrarios vivos de la Trinidad, el ser «participantes de la naturaleza de Dios» (2 Pe 1,4), el ser hermanos de Cristo, la divinización, el ser hijos de María, la pertenencia a la Iglesia, la Eucaristía y los seis otros sacramentos… ¡Yo qué sé qué más!

Sacamos en conclusión que la naturaleza humana se ha visto extraordinariamente, increíblemente agraciada y enaltecida, todo el tiempo que no le dé por ahí y decida cometer un pecado mortal; porque entonces todo eso va a tierra, aunque, en ese naufragio, tenemos, todavía, la Confesión: esa «segunda tabla de salvación después del Bautismo», que decía algún Padre.

Y esto no lo ha hecho el hombre. Invito –amablemente, cariñosamente- a mi buen amigo el denigrador de Navidades a que, visto lo visto, si quiere ser consecuente, prescinda como ya prescindía de los despilfarros y demás, pero no mire ya a lo que muchos –que no significa todos- hacen mal, y se apunte al carro de los que quieren disfrutar esos regalos de la Navidad que ahí arriba le he apuntado sin agotarlos ni de lejos.

¿Los hombres celebran mal? ¿La Navidad es divina? Súbete, hermano, amigo, súbete en el trineo de Jesús el Nazareno.

Y quizá me permitirás que te sugiera que te confieses. Al fin y al cabo, en un recipiente lleno no podrás verter nada más; no podrás verter los licores embriagadores del Dios-Amor.

La Navidad está debajo de su propia piel.


 

[1] Frédéric Baliahabwablo Ntako (Zaire).

[2] Pero es cierto que la Biblia nunca falla. Dan 12,1 reza: «En aquel tiempo, se levantará Miguel». Fue motivo de que yo hiciese una preguntilla jocosa al profesor sobre la inerrancia bíblica… Quienes podéis entender entendéis. Lo cierto es que, al cabo de un tiempo, Miguel estaba levantándose.

[3] S. Gregorio de Nisa: Oratio catechetica magna, 32.

 

3 comentarios leave one →
  1. 21 diciembre 2014 1:19

    Hoy, hablando con mi peque de 6 años sobre eso de que nace Jesús y nos hacemos regalos entre nosotros, que qué morro, y cómo podemos hacerle regalos a Jesús, que es El que los debería recibir, me ha dicho que trayendo la paz y la alegría a todo el mundo.

    A saber donde habrá oído eso. Estos peques que muy a menudo nos sorprenden.

    Y ahí estamos, a ver las cosas que se nos van ocurriendo para ponerlo en práctica con la gente de nuestro alrededor.

    Me gusta

  2. Juana Moreno Rodríguez permalink
    26 diciembre 2014 16:03

    Gracias por compartir con nosostros la grandeza de la fiesta de la Navidad. Pues, inmersos como estamos en la rutina, nos olvidamos de que nuestro origen y destino es Dios.

    Y de que nuestras celebraciones poco o nada tienen que ver con la grandeza del amor de Dios.

    Saludos desde Méjico.

    Me gusta

    • 27 diciembre 2014 3:00

      De nada, y a su servicio. Yo creo que, en cierto modo, la Navidad es en el año lo que el domingo en la semana.

      Me gusta

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