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Mes de María en 2014-Día 20

20 mayo 2014

  


CUÑA PUBLICITARIA.- Vuelvo a recordar al respetable que regalo las obras marianas de San Luis María Grignion de Montfort a quienes me las piden. Será en pdf, en audio (solo el Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen) o, cobrando como máximo los gastos de envío, en papel.


 

Nos alegran santos como San Bernardino de Siena, franciscano que celebramos hoy, destacadísimos por su característica mariana. Mi equipo de investigadores ha fatigado archivos y monasterios en cinco países a la redonda. Nada de biografía: que era franciscano y medieval; lo que nos interesa es lo que puede enseñarnos en amor a la Señora.

Y se cuenta que todos los día iba a verla, y cuando de camino le preguntaban cuál era el que llevaba, respondía siempre -el del voto de castidad- que iba a ver «a la enamorada de su alma». ¿Se escandalizó alguno?  

Pensamientos que nos ha dejado tan galante señor:

 José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad (…). Si es verdad que la Iglesia entera es deudora de la Virgen Madre, por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es San José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular. 


Sermones, 2.

(Y tengo la insolencia de preguntarte: ¿Cuántas veces has rezado a San José en el último mes…?) 

La Santísima Virgen fue la primogénita de la redención de su Hijo Jesús.


Cit. por Julio Rodríguez Gracia, Misterios del Rosario, Logroño, Hogar Sacerdotal Diocesano, 1988, p. 92. (Aunque, trándose de este libro, la cita no está muy garantizada.)

La cita no, pero su contenido, desde luego. La Inmaculada Concepción, por la cual la Virgen no tiene pecado original ni comete uno solo personal, no implica que no necesite redención; precisamente es esa: nuestra redención nos levanta del pecado, la de María no la deja caer en él; la nuestra nos restaura después del mal, la de ella la preserva del mal. “Ninguno del ser humano / como vos se pudo ver: / que a otros los dejan caer / y después les dan la mano.” ¡Pues eso! María es primera y más perfectamente redimida en su Concepción, y la primera y más plenamente salvada en su Asunción…, y si no lo saco, reviento.) 

Así como a través del cuello se difunde la vida desde la cabeza a todo el cuerpo, del mismo modo las gracias vitales se transmiten continuamente desde la cabeza, que es Cristo, por medio de la Virgen, a su cuerpo místico, y de una manera especial a sus devotos y amigos. 


Sermón 5 sobre la Natividad de la Bienaventurada Virgen María: Opera-IV, cap. VIII (Venecia, 1745)

Aquí está en una metáfora toda la doctrina de la mediación celeste de intercesión y dispensación de las gracias por María. Ni una de ellas salta de la oreja a un dedo: todas van por el cuello. ¿Que por qué? Mucho se puede explicar, pero… es que lo ha querido Dios, y yo cuento con que os basta con eso. 

En calidad de Esposa del Espíritu Santo, [María] adquirió, como dice San Bernardino, “cierta jurisdicción en toda procesión temporal del Espíritu Santo”, pues siempre es Esposa de Él y cada día engendra a Cristo en nosotros. 


Manuel Sancho, resumiendo una memoria de Eleuterio M. Nebreda, en Crónica del Primer Congreso Mariano-Montfortiano, celebrado en Barcelona el año 1918, Totana (Murcia): El Mensajero de María, 1920, p. 319

Veis fácilmente que viene a decir lo que la cita anterior, porque la gracia de antes es lo mismo que la comunicación (procesión temporal) del Espíritu Santo de aquí. María concebirá a Jesús porque “el Espíritu Santo vendrá sobre ti”, por eso es su esposa, y si ha de engendrar a los hermanos de Jesús -como por ejemplo, tú, como por ejemplo, yo-, ha de ser del mismo Esposo. San Luis María Grignion de Montfort tiene un pasaje difícil en el que viene a decir que el Espíritu Santo, que es la única Persona trinitaria de quien no procede nadie ad intra, dentro de la divinidad -el Padre engendra al Hijo, el Padre y el Hijo espiran al Espíritu Santo-, no por eso queda infecundo, y realizará siempre su fecundidad valiéndose de su esposa indisoluble. 

Y ahora me dejáis un párrafo que alude a San Bernardino breve, pero enjundiosamente: 

Si María parió sin pena (…), ¿cómo el discípulo amado nos la presenta bajo la figura de una madre que sufre todos los dolores de un parto difícil y laborioso? (…)(Ap 12,2).

(…) San Pablo (…) llama a Jesucristo Primogenitus in multis fratribus (“Primogénito entre muchos hermanos”)y el Real Profeta, en el salmo 86, dice: Homo, et homo natus est in ea (“Un hombre y un hombre ha nacido en ella”) (Sl 87 (86),5) (…). He aquí a María hecha Madre de dos generaciones y en dos partos: uno corporal y otro espiritual; uno en Belén y otro en el Calvario; uno de su purísima sangre, otro de su tierno corazón (…).

En el primero de estos partos, imitó María en la tierra la generación del Padre Eterno en el cielo, porque sin padre, y con sola su sustancia (carnal), engendró aquel Verbo divino que el Padre celestial engendró sin madre y con sola su sustancia (espiritual y divina); y como dio a luz al Hijo de Dios, lo hizo con las mismas condiciones, esto es, sin penas, sin dolores, sin sufrimientos […]. Véase a María, dice el Damasceno (S. Juan Damasceno), que al dar a luz hijos pecadores en el momento de la pasión de Jesucristo, experimentó los dolores de que se vio libre en el parto de su inocente Hijo; y San Bernardino añade que María al pie de la Cruz, viendo morir a Jesucristo, adquirió por sus dolorosas agonías el título de Madre de los cristianos, porque, al arrojarnos en el camino de la gracia, sufrió colectivamente reunidos en un dolor y en un solo parto todos los dolores y todos los tormentos que han sufrido y sufrirán todas las madres al parir según las leyes de la naturaleza. 


Francisco Ferrer Pascual, en Crónica del Primer Congreso Mariano-Montfortiano, 1920, p. 255

Así que ya lo sabes: Dios no quiso que sufriera en su propio parto: quiso que sufriera en el tuyo.

Y aunque es más que discutible que seamos hijos de María desde que Jesús en la Cruz pronuncia “Aquí tienes a tu hijo, aquí tienes a tu madre” (Jn 19,25-27) -ya que eso más parece una proclamación de lo que llevaba muchos años (33) siendo verdad, y una madre no se “hace” con unas palabras, sino con una historia previa de gestación-; aunque probablemente es más adecuado creer que en el “hágase” de la Anunciación María, que sabía a qué y a quiénes venía el Redentor, aceptó a esos quienes en la misma palabra mágica con que aceptó al Quien que le descendía, también es verdad que el Quien venía a redimir a los hombres y que, aunque toda su vida es redentora y la de María con Él corredentora, lo son porque se orientan al Viernes de la Cruz. 

Y lo de hijos de su Corazón… Esto es ya largo, y lo dejamos correr. Pero los que se han dado una vuelta por todo el blog -¡los hay, lo prometo!- saben muy bien que hijo del Corazón de María lo es también, y sobre todo, el Salvador. El cual no entró en el mundo por un vientre, sino por un Corazón. Baste saber que el fiat, “hágase”, brotó de ese Corazón y nos recogía a todos en la la misma gavilla. Y, también, mire usted por dónde, que es la misma palabra –fiat lux…- con la que Dios estableció la primera creación, también “en el principio” que a distancia de milenios preparaba ya el Principio Jesucristo.

 


Escuchad lógica pura dando un vistazo a la frasecica del 20 de mayo pasado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5 comentarios leave one →
  1. 21 mayo 2014 11:15

    Contesto a su pregunta. Yo rezo todos los días a San José: el Acordaos a San José; aunque realmente la oración que más me gusta es la que comienza: “Oh San José, cuya protección es tan poderosa y eficaz ante el trono de Dios…” Después de la propaganda que le hizo Santa Teresa, creo que todos debemos tenerlo en cuenta, aunque nos acostemos cada día más tarde y el despertador suene siempre a la misma hora.

    Otro comentario que me gustaría hacer es que nunca me gustó que se hablara del parto de nuestra madre. Me parece que se la iguala al resto de las mortales. Yo prefiero la explicación que se da a los niños: salió como la luz atraviesa un cristal sin dejar huella y sin dañarlo, sin que se note. No me gusta que la gente enuncie el misterio del Rosario con la frase “da a luz al Salvador”: me parece que se la rebaja. (Soy una ignorante, pero amo a nuestra madre.)

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    • 22 mayo 2014 6:54

      1. La última frase me parece muy importante. Conversaba yo con un mariólogo de notable importancia y me observó: “Mira, eso está muy bien; eres teólogo”. Instintivamente respondí: “No, es que rezo el Rosario”. Otras veces la contestación es: “No es conocimiento, es amor”. Y predico por los mundos que, para conocer a la Virgen, los libros son lo segundo, y lo primero el Rosario.

      2. La metáfora de la luz por el cristal no es un recurso para escaparse de dar detalles. Si no me equivoco, expresa perfectamente todo lo que debe entenderse incluido en la virginidad en el parto: integridad del himen y ausencia de dolor. Y debe rehuirse, como sugieres, toda excursión a la ginecología, que es cosa que se ha hecho mucho con este punto. Más bien creo yo que habría que afinar cuál es el valor teológico, salvador, de ese extraño parto.

      3. He dicho “parto” e “himen”. Amelia: como espiritualicemos demasiado, nos quedamos sin Redención; como aquellos herejes para quienes Jesús no era hombre. La regla número uno de la Redención es que “lo que no se asume no se redime”, aunque seguramente Dios pudiese habernos redimido de otro modo.

      Cristo es una Persona divina que se añade una naturaleza humana; si no fuera hombre, no sería quién para reparar, que Dios no pecó; si no fuera Dios, no sería capaz de reparar, que el horror infinito del pecado jamás podía repararlo un mero hombre. Solo el hombre “debía” reparar, solo Dios “podía” reparar. Por eso un Dios-Hombre. Pero por eso debía ser hombre con todas las de la ley, menos el pecado, que, lejos de ser humano, es lo más atómicamente inhumano. En Cristo, el hombre ofrece su reparación sangrienta a Dios, pero eso solo puede ocurrir sobre la iniciativa descendente por la que Dios ha hecho Hombre a Dios (Hijo) justo para eso. Necesitamos Hombre, carne, huesos. “Perfecto hombre” no significaba -cuando lo decían los Padres- el más santo, sino “completamente hombre”.

      Y no era imprescindible, pero Dios quiso seguir la regla: los hombres nacen de mujeres. “Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer,… para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos”: versículo de Gál 4,4 que es, para mi profesor de mariología y ahora para mí, el más importante para esa rama de la teología.

      Porque tener una madre asegura ser hombre. “La carne es el quicio de la salvación”, decían. Y sale de una mujer. Y así, María está en el Jesús histórico, que tanto se le parecería no habiendo padre carnal. Y está en la Cruz, porque esa Carne es su carne. Y está en tu Eucaristía: ahí, dentro del cáliz; “la carne de Cristo es carne de María, y la sangre de Cristo es sangre de María” (S. Agustín).

      Todo esto nos está diciendo que María es corredentora porque es madre. Madre… de las que “dan a luz”, aunque de modo particular. Puso el Redentor. Y su corredención empezó en el “fiat” en que “abría las puertas al Redentor” (diría el nuevo santo) y consistió en ser su madre. Lo demás, hasta la actual intercesión en el cielo hasta el último Día, es un despliegue de su maternidad; la aportación a la Pasión también. Aunque es verdad que, si toda la vida de Jesús es redentora y la de María (al menos desde la maternidad, en el “fiat”) corredentora, reciben su valor redentor de la Cruz futura.

      Quédate tranquila. La maternidad de María, con todo lo que tenga de “normal”, es excelsamente santa. Al dar a luz a Jesús, nos daba a luz a nosotros; y además, lo sabía. A mi modo de ver, esa maternidad que para ti la rebaja para mí la ensalza.

      4. María no es un querubín extraño que se reprime a cada paso para no hacer un milagro porque no está en el guión (aunque podía hacerlos según Montfort). Es una mujercita cantarina que va a la fuente por agua, y allí juega con las amigas, ríe, hablan de las enfermas; en Nazaret, con José, disfruta purísimamente del amor hasta la más alta delicia. Con el Niño, se pasma y se sobrecoge, pero también le limpia lo que sabes. María es una más.

      Y lo que no es “de una más” está dentro y se proyecta fuera, pero sin cosas raras de santos fantaseados. En el dominio del espíritu, la distancia que María se lleva con todos los ángeles y santos juntos no hay lenguaje humano que pueda expresarla. Solo la sabe Dios, y los ángeles se aturden.

      Pero esto se realiza en eso. La maravilla de María es que tan increíble dignidad (madre de Dios), tan inimaginable excelsitud espiritual, se realiza dando brincos en corro con las amigas y barriendo las virutas del taller de tu amigo. Es la conjunción, el matrimonio perfecto de lo divino con lo humano. Creo que -de un modo muy diferente- este hecho reproduce a su manera la Encarnación del Hijo; en María, la santidad se encarna en brincos, y -esto solo lo apunto-, como no ocurra lo mismo en nosotros, vayámonos olvidando de la santidad: ¡brincos y virutas!

      5. Y cada vez lo veo más y más claro, y aquí lo explicaré otra vez, pronto, completando una vieja serie pendiente: el lugar -no es un lugar- donde se besan lo sublime y el barro en la persona de María es su Corazón: que es tanto carne como nada de carne; que es solo espíritu y santidad solo. Para nosotros, carnales, es el punto de cita con el Espíritu Santo.

      ADVERTENCIA.- Por si no resultara evidente, aquí hay muchas cosas que pertenecen a la fe de la Iglesia, que no pueden tocarse, y también muchos puntos de vista míos que bien pudieran estar incompletos, equivocados y todo lo que queráis.

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      • 22 mayo 2014 10:46

        ¡Menuda clase de teología! Gracias. Con usted, siempre se aprende. Y sí hay cosas para discutir, pero yo, con perdón del respetable, seguiré enunciando el misterio con “la Encarnación del Hijo de Dios”. Y hoy que me toca rezar el Rosario cansada, a última hora del día y sacándole tiempo al sueño tan necesario para mi salud, lo ofreceré por usted, y que nuestra mamá me ayude a rezarlo bien, porque el Rosario tiene mucha miga. Yo, al terminarlo, me puntúo, y por si las moscas, me encomiendo antes al Espíritu Santo, que siempre es una ayudita.

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  2. 22 mayo 2014 13:18

    Mucha miga, pardiez, tiene también lo que dices. Lo primero, te agradezco ese Rosario por mí. Lo segundo, te invito a ir con cuidado con eso de jugar con la salud por la oración; no sé si puedes hacerlo un poco, o más de lo que estás haciéndolo, o no deberías en absoluto; consulta. Acaso la madre, que es madre, con el Rosario que te daña la salud porque la quieres, más que alegrarse, sufre: porque te quiere, pero el dato es que te quiere más que a sí.

    Pero me llamas al Nacimiento Encarnación. Encarnación es el primer misterio, y tiene lugar nueve meses antes; la fiesta es justo el 25 de marzo, es el acontecimiento más alto del cristianismo, es solemnidad y en mi opinión la Navidad no pasa de ser una consecuencia. Al nacimiento, no lo llames “parto”, pero puedes llamarlo… “Nacimiento”.

    El Rosario tiene tanta “miga” (me encantan estas expresiones que dejas caer) que más bien es una potencia santificadora que millones de personas experimentan diariamente. Yo invito a leer, aquí, “Máquina de maravillas, o el Rosario rezado de verdad”. Si no se cumplen ciertas condiciones de contemplación/meditación/apropiación de lo que se enuncia, merece más la pena el dominó.

    Y encomendarse al Espíritu Santo, puntuarse e infinitas ideas más son esa originalidad que yo ahí digo que interesa muchísimo tener para el rezo de ese Rosario “con el corazón” que -si no me equivoco- dice la Virgen en Medjugorje.

    Amelia, por favor: Sé perfectamente que no me descansas, y que eso a la Virgen no le gusta.

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  1. DESCENDIMIENTO DE LA CRUZ Y LLANTO DE LA VIRGEN | soycurayhablodejesucristo

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