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Mes de María en 2014-Día 14

14 mayo 2014

Fiesta de San Matías, sucesor de Judas: Apóstol y, por tanto, columna de la Iglesia

Me gozo copiándoos el final de Spe salvi (2007), quizá una de las encíclicas más humanamente estremecedoras de la historia. “Estrella de la esperanza”. En un período de padecimientos atroces, quien os habla no tenía capacidad de rezar, y solamente podía, de vez en cuando, levantar los ojos a la imagen de la madre y recordarle que ella era su “Estrella de la Esperanza”.

Decía Pemán que, de la Pasión a la Resurrección, defraudados y huidos los discípulos (pero ¿y Juan?), ella fue “toda la esperanza que quedaba en la tierra”. A ver si mañana os copio el maravilloso pasaje. Pero quede claro que la Virgen de la Soledad no es la que llora: es la que espera con la perfecta certeza. «Levanto mis ojos a los montes… El auxilio me viene del Señor.» (Sl 121,1). Qué difícil es distinguir la fe de la esperanza.

Me permito separar a veces los párrafos.


 

 María, estrella de la esperanza

 […] La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza, Ella que con su abrió la puerta de nuestro mundo a Dios mismo; Ella que se convirtió en el Arca viviente de la Alianza, en la que Dios […] se hizo uno de nosotros, plantó su tienda entre nosotros (cfr. Jn 1,14)?

Así, pues, la invocamos: Santa María, tú fuiste una de aquellas almas que, como Simeón, esperaron «el consuelo de Israel» (Lc 2,25) […]. Tú viviste en contacto íntimo con las Sagradas Escrituras de Israel, que hablaban de la esperanza, de la promesa hecha a Abrahán y a su descendencia (cfr. Lc 1,55). Así comprendemos el santo temor que te sobrevino cuando el ángel de Dios entró en tu aposento y te dijo que darías a luz a Aquel que era la esperanza de Israel y la esperanza del mundo.

Por ti, por tu , la esperanza de milenios debía hacerse realidad, entrar en este mundo y su historia. Tú te has inclinado ante la grandeza de esta misión y has dicho «sí»: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Cuando, llena de santa alegría, fuiste aprisa por los montes de Judea para visitar a tu pariente Isabel, te convertiste en la imagen de la futura Iglesia que, en su seno, lleva la esperanza del mundo por los montes de la historia.

Pero junto con la alegría que, en tu Magnificat, con las palabras y el canto, has difundido en los siglos, conocías también las afirmaciones oscuras de los profetas sobre el sufrimiento del siervo de Dios en este mundo. Sobre su nacimiento en el establo de Belén […] se hizo de sobra palpable la pobreza de Dios en este mundo. El anciano Simeón te habló de la espada que traspasaría tu corazón (cfr. Lc 2,35), del signo de contradicción que tu Hijo sería en este mundo […]. No obstante toda la grandeza y la alegría de los primeros pasos de la actividad de Jesús, ya en la sinagoga de Nazaret experimentaste la verdad de aquella palabra sobre el «signo de contradicción» (cfr. Lc 4,28ss.).

Así has visto el poder creciente de la hostilidad y el rechazo que progresivamente fue creándose en torno a Jesús hasta la hora de la cruz, en la que viste morir como un fracasado, expuesto al escarnio, entre los delincuentes, al Salvador del mundo, el heredero de David, el Hijo de Dios. Recibiste entonces la palabra: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26) […]. La espada del dolor traspasó tu corazón.

¿Había muerto la esperanza? ¿Se había quedado el mundo definitivamente sin luz, la vida sin meta? Probablemente habrás escuchado de nuevo en tu interior en aquella hora la palabra del ángel, con la cual respondió a tu temor en el momento de la anunciación: «No temas, María» (Lc 1,30) […]. A sus discípulos, antes de la hora de la traición, Él les dijo: «Tened valor: Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). «No tiemble vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14,27).

«No temas, María».

En la hora de Nazaret, el ángel también te dijo: «Su reino no tendrá fin» (Lc 1,33). ¿Acaso había terminado antes de empezar? No, junto a la cruz, según las palabras de Jesús mismo, te convertiste en madre de los creyentes. Con esta fe, que en la oscuridad del Sábado Santo fue también certeza de la esperanza, te has ido a encontrar con la mañana de Pascua. La alegría de la resurrección ha conmovido tu corazón y te ha unido de modo nuevo a los discípulos […]. El reino de Jesús era distinto de como lo habían podido imaginar los hombres. Este  reino  […] ya nunca tendría fin.

Por eso tú permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.



 


 

Y OS RECUERDO, BUENA GENTE, QUE REGALO a quien me las pida las obras marianas de San Luis María Griginion de Montfort: en pdf, o en audio, o bien en papel cobrando como máximo los gastos de envío.

 

 

2 comentarios leave one →
  1. Ana María Trujillo permalink
    14 mayo 2014 17:19

    Estas son las frases de las que pido permiso:

    Ella fue “toda la esperanza que quedaba en la tierra”. Pero quede claro que la Virgen de la Soledad no es la que llora: es la que espera con la perfecta certeza. «Levanto mis ojos a los montes… El auxilio me viene del Señor» (Sl 121,1). Qué difícil es distinguir la fe de la esperanza.

    Por eso, tú permaneces con los discípulos como madre suya, como Madre de la esperanza. Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra, enséñanos a creer, esperar y amar contigo. Indícanos el camino hacia su reino. Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.

    Mil gracias.

    Me gusta

    • 16 mayo 2014 16:15

      De este blog, se puede copiar todo lo que se quiera, citando el autor y la procedencia. (En este caso, se trata de tres autores y un Autor.) De hecho, si se hace así, no es copiar, sino citar, cosa que siempre hemos hecho y siempre haremos. Lo de Pemán, espero completarlo en seguida.

      Y usted, Ana María, haría mucho bien si nos enviara materiales diversos sobre el Corazón de María, la Llama de Amor, etc. Su ¿movimiento? no se conoce en España, o yo no lo conocía al menos. Si le parece conveniente, le pido que me mande al c. e. la descripción del movimiento, una historia mínima, etc.; así como documentos sobre el Corazón de María y lo que estime oportuno. Siempre, naturalmente, me reservo el derecho de publicarnos o no, como usted comprende perfectamente.

      Y no me despido de usted porque hace tiempo que la siento muy cercana. Y es que, en el Corazón de María, nos encontramos todos.

      Me gusta

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