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ERRORES EN LA BIBLIA: ¡ME DOY DE BAJA!

23 diciembre 2012
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                Se ha difundido mucho por la internet una lista de “101 contradicciones de la Biblia”, y un gran amigo mío se ha asustado mucho al leerlas. ¿Tendremos que tirar la Biblia y perder la fe? Ésta es –con alguna variación- la carta que le he mandado.

Apreciado Joaquín:

 

            Me haces una consulta importante, y me he tomado mi tiempo para preparar bien la respuesta.

            Lo primero que tengo que hacer es darte información. La página que comentamos expresamente indica, al empezar, que toma los textos de la Biblia Reina Valera y de la traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras. De aquí se deducen dos cosas. En primer lugar, podemos pensar en la facilidad de encontrar una contradicción si se toma un texto de una versión y el otro, de la otra; a lo mejor, tomando de la misma versión los dos versículos, no hay tal contradicción. Pero es que, si realmente se ha hecho eso de obtener contradicciones por ese procedimiento –cosa que yo no sé-, desde luego el procedimiento no es honrado, ni válido; es una trampa.

            Hay que saber que las lenguas humanas son tales que nunca dos personas traducen igual un texto; que “toda traducción es una traición”; y que con eso se puede –y no se debe- jugar.

            En segundo y más importante lugar, la Biblia Reina Valera no es una versión católica, sino protestante, y casi oficial en el mundo protestante; y el Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras es una traducción de los Testigos de Jehová. Por consiguiente, si hubiera que perder la fe, habría que perder la fe en los protestantes o en los Testigos de Jehová. No vale aquí argumentar que también se podría perder la fe en los cristianos en general, porque, contra lo que mucha gente piensa, los Testigos de Jehová, aunque se llamen incluso Testigos Cristianos de Jehová, no son cristianos; ni siquiera son una religión, sino una secta

            Por lo demás, puedo copiarte aquí dos juicios sobre el Nuevo Mundo de dos especialistas:

 

        ” La obra es excelente excepto cuando el conocimiento científico entra en conflicto con las doctrinas aceptadas por el movimiento”[1].

 

Se entiende que la rigurosidad lingüística, filológica, exegética, histórica, teológica, que hacen falta para hacer una traducción de la Biblia no tuvieron más remedio que plegarse a las indicaciones de los dirigentes de los Testigos, aunque éstas estuvieran en absoluta contradicción con lo que un criterio rectamente científico imponía hacer. En otras palabras, en lugar de ponerse todos –dirigentes, movimiento de los Testigos, traductores- al servicio de la Palabra de Dios, pusieron esta Palabra al servicio de lo que esos dirigentes deseaban que profesasen sus adeptos. Esto es verdaderamente serio.

            También el erudito evangélico Daniel B. Wallace afirma que la Traducción del Nuevo Mundo es la peor traducción al inglés debido a una “polarización sectaria del grupo y falta de erudición bíblica genuina”[2].

            Vaya todo eso por delante.

            En adelante, espero que comprendas que no tengo tiempo para investigar todas y cada una de las 101 presuntas contradicciones entre versiones no católicas de la Biblia. No te lo tomes como un truco para seleccionar los casos fáciles: es que me saldría todo un libro, y ya tengo otros que escribir y no estoy escribiendo.

            El caso es que en la mayoría de contradicciones, encuentro en el que las ha buscado una ignorancia elemental. Me explico. A mí no me supone ningún problema que Ahazia tuviese al comienzo de su reinado 22 ó 42 años, pero es que tampoco me lo supone que la Biblia diga una cosa y luego otra. Sería hacer depender mi fe de la cabeza de un alfiler.

            Me explico. La Biblia, si bien es cierto que nos transmite una historia de la salvación, no es un libro de historia; es un libro de salvación. Y a la salvación le dan igual los 22 o los 42 años de Ahazía. Que haya contradicción no es relevante; un judío del tiempo también podía darse cuenta de esas contradicciones (si realmente son tales), pero se quedaba tan tranquilo. Por un lado, la Biblia no puede engañar ni engaña ni en lo pequeño ni en lo grande. Pero es que, por otro, el asunto es que quien se escandaliza de contradicciones como ésa está aplicando a la historiografía de aquellos tiempos el criterio de la historiografía de los nuestros, es decir, está exigiendo exactitud. Pero ¿no decimos todo el día que hay que juzgar las cosas en su contexto histórico? La historia, en Israel, no buscaba la exactitud; no le importaba demasiado; buscaba la verdad (alézeia), y estaremos de acuerdo tú y yo en que la verdad (la Verdad) es astronómicamente más importante que la exactitud. Por la Verdad se puede dar la vida; por la exactitud, no; Jesús dice que Él es la Verdad; nunca dice que es la Exactitud. Miles de mártires han muerto por la Verdad, que es Cristo; ninguno ha muerto por los 42 años de Ahazía.

            Abrir la Biblia para encontrar exactitud es como abrir el Quijote para encontrar la historia del s. XVII, y por cierto que en el Quijote, la mayor novela de la historia, hay flagrantes contradicciones, como la del rucio y todas las demás. No. En el Quijote, ciertamente, queda mucho de la historia del s. XVII; pero no abrimos el Quijote para encontrar esa historia; lo abrimos para encontrar valores, conocimiento del hombre, etc.

Decía Aristóteles que “en la poesía hay más verdad que en la historia”, y en el mismo Quijote se lee que “la poesía (o sea, la literatura en general) no muestra las cosas como son, sino como deben ser”.

            Y abrimos la Biblia para encontrar, no historia, sino Verdad y salvación. Dice Josué: “Sol, detente sobre Gabaón”, y dice que el sol se detuvo. ¿Vamos a escandalizarnos porque ahora sabemos que es la tierra la que se mueve en torno al sol? ¿Vamos a montar un juicio a Galileo? (Sería un tema muy interesante, pero mi recomendación es que, del juicio a Galileo en el s. XVII, no te creas nada de lo que suele contarse.)

            Abrimos el Génesis. Dios creando en una semanita, y al hombre y a la mujer, directamente (sin evolución), y ni rastro del big bang, y nos escandalizamos. Será porque hemos aplicado a un relato escrito hace 26 siglos la ciencia que tenemos hoy.

            El propio Galileo dijo que la Biblia no nos enseña “cómo va el cielo, sino cómo se va al cielo”. La Biblia es un libro de religión. El Génesis, en esa parte, quería explicar verdades no científicas, sino religiosas: que Dios ha creado todo, que es dueño de todo, que el hombre y la mujer son queridos especialmente por Él, que ambos son de igual dignidad, que son los señores de la naturaleza, que hay que respetar el sábado, etc. Pero eran verdades con figura histórica, justamente por lo que te he dicho antes: el cristianismo es una religión de historia de la salvación, y hay que contar historias. Pero naturalmente emplearon para contar aquélla los moldes y las concepciones que estaban al alcance de aquella cultura.

            No podemos –sería de necios- esperar que cuente el origen del mundo con el big bang y las partículas subatómicas de nuestros días, y con la evolución y el mono, porque era imposible, y porque, imaginando que algún profeta hubiera sido extrañamente iluminado con esos conocimientos –que no pertenecen al ámbito de la salvación-, todos se hubieran reído de él. Y, más curioso todavía, aquellos que parecen exigir al autor del Génesis la exactitud de la ciencia actual, ¿por qué no se paran a pensar que ésta tampoco es la versión definitiva y acabada de la ciencia? Y la ciencia del último día tampoco será la ciencia por fin terminada. Por lo tanto, es imposible pedirle a la Biblia la exactitud científica.

            Exijamos a la Biblia que no nos mienta en aquello en que no puede mentirnos. Exijámosle un sentido de la vida, una concepción de Dios, una enseñanza de lo que hay después de la muerte. Exijámosle que no nos mienta si nos dice que Dios se ha hecho carne en Jesucristo. Exijámosle que nos diga las verdades necesarias sobre la Santísima Virgen María. Exijámosle que no nos mienta al contarnos que Jesús ha inventado esa maravilla increíble del sacramento de la Confesión, el sacramento de la alegría.  Exijámosle que sea verdad que lo importante es amar a Dios y, por Dios, amar y entregarse por los demás. Exijámosle que haya un Espíritu Santo que por el Bautismo se hace como el alma de nuestra alma, para enseñarnos a amar desde dentro de nosotros mismos.

            De las historias del Antiguo Testamento, exijámosle, no que diga el número exacto de años que vivió un rey, sino qué es lo que pasó con el rey David, que fue hecho el depositario de la Alianza, la que los hombres siempre rompían y Dios siempre renovaba por su amorosa misericordia, y exijámosle que David sea efectivamente antepasado de Jesús, porque entonces por ese linaje se transmite la Alianza que, siempre rota por los hombres, en Jesús se transformará en la Nueva Alianza en su Sangre, que ya no depende del cumplimiento por nuestra parte de las cláusulas, ya no depende de lo que nosotros hagamos, sino que depende exclusivamente de Lo que ha hecho Él (Cruz, Resurrección, actualizados en la Eucaristía), con tal que queramos adherirnos a eso que Él ha hecho (con los sacramentos, con la Confesión, con una vida que lucha por ser cristiana).

            Cuando yo abro un tebeo, lo leo de una forma. Cuando abro una novela, de otra. Cuando abro un libro de historia, de otra. Y cuando abro la Biblia, de otra. Cada género literario, cada “tipo de libro”, tiene su cometido, su naturaleza, y de esa naturaleza se desprenden las leyes para juzgarlo. Y, de la Biblia, lo fundamental es que es un libro de salvación, y cuenta historia porque la salvación se ha realizado en la historia. Luego la historia por sí misma es secundaria.

 

            Y ahora, Joaquín, he descubierto en la internet un vídeo que es respuesta a la página de las 101 contradicciones, y ya no me hace falta continuar el trabajo que estaba haciendo de seguir esas contradicciones una por una, porque ahí están admirablemente respondidas por alguien que sabe mucho más que yo. Sacarás la conclusión de que, a pesar de que la  Biblia tiene, por lo que yo te he dicho, “derecho” a las contradicciones, resulta que no las hay, o, por lo menos, el esforzado caballero que rastreó 101 de ellas no dio con ninguna que auténticamente lo fuese.

            Ese vídeo lo verás pinchando aquí. Va demasiado rápido para leerlo, pero puedes controlarlo con las flechas del teclado (izquierda y derecha).

            Me alegro mucho de haber dado fin a este trabajo por el trabajo de alguien que sabe mucho de Biblia. Que sepas que, con alguna modificación, podrás ver el texto de esta carta en mi blog personal soycurayhablodejesucristo.wordpress.com, donde te invito a mirar las diferentes entradas y dejar los comentarios que tú quieras.


[1]  G. HÉBERT/EDS, “Jehovah’s Witnesses”, The New Catholic Encyclopedia, Gale, 20052, Vol. 7, p. 751.

[2] ¿Por que hay tantas versiones?. Daniel B. Wallace, Th.M., Ph.D.

14 comentarios leave one →
  1. Calamardo permalink
    25 diciembre 2012 18:42

    Es muy importante y necesario el cuidado especial que siempre ha tenido la Iglesia por evitar que las nuevas ediciones supusieran errores que se perpetuasen, al copiarse unas de otras. Visto según los actuales medios de edición, no tendría especial dificultad, porque la informática nos ayuda a la corrección y sobre todo, a la comparación de textos. Pero no siempre ha sido así, y en los tiempos en que los libros se copiaban a dictado, suponía un riesgo que una de estas ediciones llegara a otra parte con algún error por parte del escribano u omisión por parte de quien leía, ya que eran como un “master” del que podían salir cientos de dictados.
    Una prueba de que se controlaron mucho estos textos la presenta la descripción del Diluvio Universal, del que se encontraron libros muchísimo más antiguos que los que se conservaban hasta el momento y guardaban total precisión, palabra por palabra.

    Feliz Navidad.

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    • 25 diciembre 2012 23:09

      Sí, señor, y es un aspecto sobre el que no se me ocurrió llamar la atención. De hecho, en el vídeo, varias “contradicciones” son errores al copiar números. Quienes hemos estudiado filología sabemos que existe un famoso experimento: coged media página, dictádsela a diez personas a una velocidad y con una entonación lentas, y lo más seguro es que no haya dos copias iguales. Y la Biblia, como todo, se copió a mano hasta el siglo XV.
      ¿Qué supone esto? Que podemos tomar como texto revelado por Dios lo que no es más que un despiste del copista. Por eso ese cuidado extremo que se tiene desde cierta época por reconstruir los textos originales, y la abundancia creciente, también desde esa época, de ediciones preparadas desde los textos originales más antiguos poseídos (a veces papiros que pueden ser anteriores a la muerte de su autor).
      Y todo el problema de los 22 ó 42 años de Ahazía -por poner un ejemplo-, que puede escandalizar a los desprevenidos, en vez de ser un problema de una ¡mentira de Dios! (¡me doy de baja!), puede ser un problema de que el monjecillo en cuestión estaba pensando qué pondrían para merendar.
      Pero ahora es inevitable otra pregunta: entonces, ¿tenemos la Biblia auténtica, o sólo miles de errores? Tenemos la Biblia auténtica. La filología ha desarrollado desde el s. XX unos métodos rigurosísimos para establecer el texto original de una obra de la que hay copias divergentes. Y cuantas más copias, más seguridad. Pues bien, resulta ser que, si no recuerdo mal, de los textos de Virgilio (70 a. C.-19 d. C.), hay unas doscientas copias anteriores a determinado siglo que tampoco recuerdo; pues bien, de la Biblia, anteriores a ese mismo siglo, hay unas 4.000. Se tienen hoy ediciones casi perfectas, y que, por lo demás, cuando hay alguna duda del texto original (muy pocas), lo explican en una nota, detallan el problema, etc.
      Cuando yo predico un sermón, me ocupo de que se me oiga. Cuando Dios habla, también. Otra cosa sería de imbéciles; y, hombre, que yo lo soy, el vecino del quinto lo dice; pero Dios no lo es.

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      • Luna permalink
        30 diciembre 2012 14:26

        Aquí podemos compararlo con lo que pasó con las copias del Corán, para ver que las vicisitudes de edición podrían haber dado al traste con toda esta transmisión:

        La lengua árabe antigua tenía un problema de grafías muy similar al hebreo, consistente en que sólo se escribían las consonantes, mientras que las vocales las ponía el lector, como aquél que dice, de su propia cosecha. Lo del árabe era más lioso, puesto que había muchas consonantes que se presentaban con la misma letra. Aún en el siglo VI D.C., se escribían de la misma manera los sonidos B,C,N,T,Y. Imaginad las dificultades para dictar y copiar algo así.

        Para solventarlas, salió la figura del “memorión”, esto es, la persona capaz de aprenderse los libros de oído y hacerles las modificaciones que el autor le pidiera. Muy a menudo, corrió el Corán de boca en boca y de recuerdo en recuerdo por el mundo, para pasar luego de boca a oreja y de allí, al “papel”. ¿Papel? Eso es mucho decir entre tribus nómadas, antes de su invención. Había copias en “tabula rasa” (tablillas de cera), en piezas de barro, pieles, papiro y hasta omóplatos de camello, grabadas a buril.

        Por la rapidez con que se difundió el texto de Mahoma, no se hicieron los cotejos necesarios de las copias ni se llevó un orden estricto de las suras y aleyas en los primeros tiempos, lo que dificultó enormemente la posterior criba de errores, cuando las piezas de barro eran aradas por lombrices, las pieles atacadas por polillas y los omóplatos abandonados en el desierto, ante el imperativo de supervivencia.

        Murieron memoriones, aparecieron omisiones, errores de interpretación y copia, fusiones de suras (“capítulos”), elementos de la Biblia o de la Torá… Y no había una copia canónica para decir lo que era añadido y lo que era originario o ver qué se había perdido. Lo cierto es que con santa paciencia, habrían resuelto parte de este problema por deducciones y estudio, pero no tuvieron tiempo.

        Omar decidió que era imprescindible la copia “ne varietur” o canónica, tras una batalla contra el falso profeta Musaylima (S.VII D.C), así es que mandó reunir todos los Coranes del vecindario y a los pocos memoriones superviventes de batallas innumerables y se hizo una “nueva edición, corregida y aumentada”, bajo los auspicios del califa Abu-Bakr. El problema es que este nuevo logro quedó en su propiedad privada, sin que estuviera permitido nada más que recensiones del mismo.

        Y se ordenaron las aleyas (“versículos”) por su longitud, en orden decreciente. La lógica nos lleva a sospechar que las más largas pueden tener añadidos (pero son las que más se han conservado) y las más cortas, haber perdido parte de su contenido, por omisiones. Tenemos un libro cuyos capítulos no existen ya, o un poema con los versos desordenados de cualquier manera. Probad a dejar así la sonatina de Rubén Darío, a ver qué pasa. En otro comentario os pondré la muestra.

        La historia sigue y es tan curiosa como larga, pero hay que abreviar, que me está saliendo el comentario más largo del mundo. En uno de estos azares, se mandaron quemar todas las fuentes originarias, en búsqueda de un Corán “unificado”. Y los musulmanes creen que no va a haber nunca jamás una nueva Revelación, por lo que se ha vuelto imposible conocer por completo y sin errores la de Mahoma.

        De haberse conservado las primeras copias, gran parte de este problema se habría resuelto mediante las técnicas de las que nos habla Miguel.

        Como dice Calamardo, con la Biblia ha sucedido el caso contrario: No sólo se conservan todos los textos antiguos que se puede, sino que se han encontrado algunos de mayor edad, ocultos ante la persecución del Cristianismo. Cuando se han comparado sus contenidos, eran los mismos en unos y otros papiros.

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  2. Calamardo permalink
    27 diciembre 2012 16:28

    ¿Errores de la Biblia? Un montón, hombre: Cuando yo quiero que hablen del big-bang-bung, me hablan sobre Dios, cuando busco allí algo de Eros y Thánatos, me hablan sobre el amor de Dios, cuando quiero que me descubran nuevas fórmulas de aritmética, me enseñan a amar a Dios y cuando quiero encontrar referencias a batallas arqueológicamente documentadas, me enseñan a amar al prójimo.
    Evidentemente, la Biblia está muy equivocada, porque no usa la ciencia que yo quiero sino otras de mayor importancia para mi vida.

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  3. Luna permalink
    31 diciembre 2012 11:49

    Aquí va lo de la Sonatina, sometida a problemillas de falta de representación de las vocales y consonantes b,t,n,y, sin quedar claramente identificadas.Las marco aquí como X. No le hago añadidos ni omisiones,para que no sea dicho que este ejemplo está demasiado dramatizado, pero sí desordeno los versos, para que entendáis qué pudo pasar con el Corán:

    Q h prdd l rs, q h prdd l clr. (Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.)
    Ls ssprs s scpX d s Xc d frs, (Los suspiros se escapan de su boca de fresa,)
    l jrdX pXl l XrXf d ls pvs rls, (El jardín puebla el triunfo d elos pavos reales,)
    l lXll vg d X vg lsX. (La libélula vaga de una vaga ilusión.)
    ¡Cll, cll, prXcs! -Dc l hd mdrX- (¡Calla, calla, princesa -Dice el hada madrina-)
    sX md l Xcld d s clv sXr (Está mudo el teclado de su clave sonoro)
    X vsXd d rj, prX l XfX. (Y vestido de rojo piruetea el bufón)

    ¿ X l q s sXrn dls clrs dmXXs (¿O en el que es soberano d elos claros diamantes)
    X X qr l plc, X l rc d plt (Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata)
    X X X vs lvdd, s dsmX X flr. (Y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.)
    X q llg d ljs, vXcdr d l mrX (Y que llega de lejos, vencedor de la muerte)
    ¡h, qX fr hpspl q dj l crsld! (¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!)
    sX prs X ss rs, sX prs X ss Xls. (Está presa en sus oros, está presa en sus tules.)

    X l jl d mrml dl plc rl (En la jaula de mármol del palacio real)
    ¡QX vlr l Xrr dXd X prXcp xsX! (¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe!)
    q csXdX cX Xgrs cX ss cX lXrds. (Que custodian cien negros con sus cien alabardas.)
    X l cXX l spd X X l mX l zr, (En el cinto la espada y en la mano el azor,)
    ls jzmXs d rXX, ls XlmXs dl XrX (Los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte)
    qr sr glXdrX, qr sr mrps (Quiere ser golondrina, quiere ser mariposa)
    X lXrl q X drm X X drgX clsl. (Un lebrel que no duerem y un dragón colosal.)

    Bueno, aquí me paro, porque esto se lleva bastante tiempo y creo que se ve ya el resultado.
    Para mí, es un galimatías, pero quizá no advierta nada especial el quinceañero que me ha enviado este SMS: ” : ) igo q tnid 1 fliz nabida y mazo bn ñ new : )” . A él le encomendaré la corrección de esta transcripción.

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    • 1 enero 2013 22:34

      Vamos, que, como decía un profesor mío, si al Corán se le aplicasen los métodos críticos que se le aplican en la Iglesia a la Biblia, “no iban a quedar ni las tapas, machos”.

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  4. El caballo del Palmar de troya permalink
    2 enero 2013 11:20

    Se podría escribir otra entrada que llevara el título “Errores en la interpretación de la Biblia”. Por ejemplo, uno escandaloso que cometen supuestos teólogos de hoy: afirmar que el Nuevo Testamento anula al Antiguo o lo supera.

    Son los mismos que suponen que una Encíclica o un Concilio anulan los anteriores.

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  5. 10 febrero 2013 19:53

    Estamos de acuerdo en que el Nuevo Testamento no anula al Antiguo. Olvidar el Antiguo Testamento es hacer absolutamente ininteligible el Nuevo. Fue la antigua herejía marcionita, que se llama así por el amigo Marción y no por los marcianitos. Marción decía que el Dios del Antiguo Testamento era malo; directamente. El Antiguo Testamento es la Escritura de los judíos (con sus particularidades); pues bien: Juan Pablo II llamó a los judíos “nuestros hermanos mayores en la fe” y les dijo, nada menos, que eran “los destinatarios de una Alianza jamás revocada”.
    Otra cosa es en cuanto a lo de “superar”. Yo entiendo por “superar” “ir más allá, sin por eso anular”. Y estoy convencido de que el Concilio Vaticano II fue mucho más allá, en su eclesiología, en su mariología, en su trazado de “las relaciones de la Iglesia y el mundo contemporáneo” (título de la “Gaudium et spes”, que, como se ha dicho, más que un título, fue una actitud), en muchas cosas, más allá que cualquier anterior concilio, sin anular ninguno. Quizás lo que ocurre es lo que expresó alguno cuando dijo que “si nosotros sabemos más que los antiguos, es porque nos los sabemos a ellos”.
    El Nuevo Testamento sí supera al Antiguo, si aceptamos que el Antiguo es una preparación para el Nuevo. Donde está la presencia de Jesucristo, queda superado todo. Dice San Pablo que “la Ley fue nuestro pedagogo hacia Cristo” (Gál 3,24); el pedagogo era entonces el encargado de llevar los niños a la escuela o al maestro.
    Lo característico de la relación entre el hombre y Dios en el Antiguo Testamento era, en lo moral, por un lado una Alianza (“escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo”, Jer 7,23) que dependía del cumplimiento de las cláusulas (la Ley) por parte de los hombres, los cuales siempre las incumplían gravemente; por otro lado, una Ley que -como dice de nuevo S. Pablo- era causa de pecado, en el sentido de que señalaba la transgresión sin dar gracia para evitarla; si no existiese la Ley, la transgresión no sería, o podría no ser, conocida por el transgresor, y no sería imputable; y por último, una Promesa -pongamos la tierra prometida- que dependía del cumplimiento, y por lo mismo se les escapaba siempre de las manos: ahí tienes al mismo Moisés muriendo a las puertas de la tierra, o ahí tienes la debacle nacional y espiritual que fue la deportación a Babilonia (s. VI), con la profanación del Templo, etc.
    Y en lo cultual, lo propio del Antiguo Testamento era que sacerdotes indignos de Dios ofrecían víctimas simbólicas que de ninguna forma podían sustituir el pecado humano que se pretendía expiar, y lo hacían una y otra vez, porque ninguno de los sacrificios anteriores había sido eficaz.
    Pero en el cristianismo, como en las fiestas de cumpleaños, lo bueno está y estará siempre al final. Llega Jesucristo, y todo cambia. Porque, en lo cultual, la Alianza se convierte en la “sangre de la Alianza nueva y eterna que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”. Y entonces resulta que Dios se ha encadenado al hombre y ha tirado a la alcantarilla la llave del candado. El bien, la felicidad del hombre, están garantizados con garantía divina; porque ya nada depende -¡Dios santo!- de lo que el hombre haga, sino que todo depende -¡santo Dios!- de lo que ha hecho Él. De su Cruz y su Resurrección, cuyo memorial es nuestra Eucaristía: “¡Haced esto en memoria mía!” Es decir: que Dios ya no me mira a través de lo que yo haga, sino a través de Lo que ha hecho Jesús; y eso no nos lo va a cambiar nadie. Y cumplir los Mandamientos y vivir la moral, aparte de que es posible por Eso que Él hizo, no es lo que nos salva, sino lo que testifica que queremos que Su Hazaña (esa misma) nos salve. Que nos apuntamos a eso.
    Y en cuanto a la Ley, la Ley de los cristianos es la Ley Nueva. Por un lado, ahí tienes a Jesús diciendo: “Se dijo a los antiguos…, pero yo os digo…”: “superando” la ley antigua, sin cambiar un solo Mandamiento; trascendiéndola desde dentro. Por otro lado, la Ley Nueva es también la gracia del Espíritu Santo que, como novedad inaudita, nos hace posible el cumplimiento de la Ley.
    Respecto de la Promesa, ya sabes cuál es la Promesa de los cristianos, y si no hablo aquí más de ella, no es que no tenga importancia: es que no merece la pena dar dos tristes pinceladas, porque la imagen que hay que dar se sale de toda medida.
    Y en lo cultual, lo propio del Nuevo Testamento es este Jesús que, con un solo sacrificio, abole y sustituye todos los demás sacrificios, por la calidad de la Víctima, que es también el Sacerdote (se ofrece porque Él quiere) y el Altar (léase su cuerpo o su Persona). En lugar del desesperado intento, repetido como un grito, pero inútil siempre, de reparar los pecados humanos con grasas animales, ahora -¡temblad!- lo que tenemos es que Dios, que, como dice S. Bernardo, es incapaz de padecer, pero no de compadecerse, se tira en plancha hasta la humanidad, recorre, con el milagro más pasmoso que pueda haber, la humillación infinita que hay entre ser Dios y ser hombre, y al hacerse hombre en María, agarra una Cruz, la sube a una colina y allí muere. El ofendido por los ofensores. El santo por los pecadores. Por los pecados de todos, menos los de dos personas: Él y su madre, los únicos inmaculados. Por pecados que son (por definición) ofensas contra Él.
    No voy a seguir. Todo esto tiene una profundidad abismal y, por supuesto, constituye una cadena de misterios (mejor, un solo misterio, que se llama Dios) tan inabarcable, que decididamente tenemos que decir que el Nuevo Testamento supera al Antiguo. Superar no es anular. Y lo que Jesús nos ha preparado, no podía haberlo imaginado nadie.
    ¡Haced que le quieran, por favor!

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  6. Javier Ibn Francisco permalink
    19 mayo 2013 12:32

    Yo quisiera decir que sí he tenido el tiempo, pero sobre todo el interés de investigar esas cuestiones, y para la mayoría sí hay una explicación.
    Además, cuando vemos los textos citados en el idioma original, muchas de esas supuestas contradicciones desaparecen. Cierto que la Reina Valera es una traducción protestante, y la Traducción del Nuevo Mundo, de los Testigos de Jehová, pero la Nácar- Colunga y la Biblia de Jerusalén son traducciones católicas y también tienen esas supuestas contradicciones. En este enlace podemos consultar los textos en el idioma original: http://biblehub.com/text/exodus/20-1.htm.
    Esta información de 101 errores es difundida en páginas islamistas y ateas con el problema de que crean dudas entre los cristianos que no tienen tiempo ni interes para investigar. Si de verdad somos cristianos y amamos al prójimo, investigaremos la Palabra de Dios para poder enseñarla a otros y contestar a nuestros opositores.
    Si alguien desea que le conteste alguna de esas contradicciones en concreto, que me lo diga y se lo explicaré.

    Le gusta a 1 persona

  7. Javier Ibn Francisco permalink
    19 mayo 2013 12:36

    Aquí me podéis encontrar para responder a cualquiera de esas contradicciones sin fundamento: https://www.facebook.com/profile.php?id=100003483454274&ref=tn_tnmn.

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  8. 19 mayo 2013 16:48

    Muchas gracias, Javier, a pesar de los arañazos, y ahí quedan consignadas esas referencias. Si es que tenemos de tó.

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  9. 23 agosto 2015 23:43

    Qué bien me viene esto. Me lo llevo al Facebook, que estamos por allí con un lío con lo de Adán y Eva…

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